FOTOGRAFÍA DE CARLOS HERNÁNDEZ OVALLE

Lejos quedó el día en que el empresario que durante tres o más generaciones había acumulado suficiente capital social para merecer respeto y lograr influencia política y al cual no se le podía cuestionar el origen de su fortuna, muy al contrario de lo que sucede hoy en día, amasar millones en cuatro años a la sombra del poder con privilegios inalcanzables para el verdadero emprendedor.

Hoy con la guerra de Ucrania de moda nos sorprendemos de la respuesta de las potencias occidentales. Nada de batallas militares sino al contrario atacar a los personajes que mantienen el régimen de Putin, esas mega fortunas hechas al amparo de los privilegios estatales por ex oficiales del ejército y los servicios de inteligencia.

 

¿QUÉ TIENE ESTO QUE VER CON NUESTRO PAÍS?

Desafortunadamente desde el colapso de la Unión Soviética, el modelo rapaz de privatización de los bienes públicos fue copiado en muchas partes del mundo, incluyendo Guatemala. Este ciclo inició con el gobierno de Arzú donde la privatización de la telefonía, la energía eléctrica y carreteras, aún deja un sabor amargo para las mayorías, por supuesto, los beneficiarios están muy contentos.

Este modelo de privatización se acentuó desde entonces durante los siguientes gobiernos donde vimos cómo personajes oscuros ascienden meteóricamente dentro de la vida nacional. Los contratistas del Estado dejaron de ser empresarios independientes y vimos como la propia clase política se independizó del capital tradicional y hoy es autosuficiente administrando el presupuesto nacional y los privilegios estatales, lo que trae una perpetuación del ciclo de rapiña al poder financiándose ellos mismos sus campañas.

¿Alguien se pregunta por qué el precio del azúcar localmente es cuatro veces el precio del mismo producto en el mercado internacional?

Muy simple, una ley teledirigida donde se “vitaminiza” y hace imposible importar azúcar y competir. Ni que decir de la importación de pollo, maíz o trigo, totalmente imposible de lograr excepto para los “productores” locales. Y las medicinas ni hablar; productos genéricos que son utilizados por 2,500 millones de hindús y chinos que en nuestro país no se pueden vender porque “no tienen registro sanitario”. Vaya contradicción, uno de los países más pobres y desnutridos de la tierra tiene la medicina más cara de mundo. Y últimamente con la pandemia la proveeduría de pruebas COVID falsas, mascarillas igualmente falsas y vacunas sin registro internacional, acá no hubo tales del “registro sanitario”.

Regresando al tema central del presente artículo, el dilema es: ¿en qué nos afecta esa clase emergente? Nuestro país donde 70% de la economía es informal y tiene uno de los índices de subempleo más altos de la tierra presume de un crecimiento macro económico del 7.5% anual, más que China.

Fotografía de Carlos Hernández Ovalle

 

¿ENTONCES DE DONDE VIENE ESE CRECIMIENTO?

Desafortunadamente de factores que no tienen nada que ver con la producción de bienes y la mejora de salarios. Al contrario, ahora con los “salarios diferenciados” la población ve cada vez más lejos la posibilidad de una vida digna, complicándose el panorama aún más por la inflación resultante de la disrupción de las cadenas de suministro a nivel mundial.

Es tanta la contradicción que ya ni siquiera el empresariado tradicional está unido. Hace 2 años vimos como la Cámara de la Construcción abandonó al CACIF y hace unos días lo mismo hizo la Cámara de Comercio. ¿Y eso en que afecta? Simplemente que esas dos cámaras son las que agrupan en su  mayoría al pequeño y mediano empresario, ese empresario que se está viendo marginado del supuesto crecimiento económico. Y desnuda como tres grupos son los verdaderamente aliados al derrumbe nacional. Quedan los agroexportadores que en su mayoría son también los industriales y que casualmente son los accionistas mayoritarios del sistema financiero.

En una entrevista reciente en una cadena internacional de televisión el ex embajador norteamericano acreditado en Guatemala, Stephen McFarland, claramente señaló “el problema son los puertos y la banca”, desnudando así que la economía crece dominada por el tráfico de ilícitos y lavado de dinero. Tomando en cuenta que ese funcionario tiene a su alcance la mejor información de nuestro país, dicha aseveración es de tomarse en serio.

Pero nada de qué preocuparse, Guatemala no invadirá a Belice, así que los mini, sí mini yates de estos personajes no corren peligro…