Hay dos estrategias que se han utilizado por los grupos que ostentan el poder en el país, que nunca les han fallado; hablamos del poder real, no el poder político o gubernamental.

Protestas en el Centro Histórico de la ciudad de Guatemala el 28 de noviembre de 2020. Fotografía de Simone Dalmasso

La primera estrategia es la de utilizar a los medios de comunicación y a otros operadores políticos para mantener al país en una supuesta “crisis” que pareciera nunca acabar. Por eso siempre estamos en una “transición”; nunca se consolidan los procesos y nunca es el momento apropiado para realizar los cambios que la sociedad necesita.

Cada vez que empieza a hablarse de cambios estructurales, cambios reales, cambios sociales y económicos, surge, como por arte de magia, una “nueva crisis” y con tal de mantener la “estabilidad” del país, se vuelve a caer en la trampa de postergar los cambios y seguir igual. A veces, estos grupos proponen cambios, pero solo para que no cambie nada.

El ejemplo más reciente: las protestas contra la corrupción del año 2015, que tuvieron éxito en cuanto a sacar a políticos corruptos. Pero, solo se empezó a hablar de otros cambios y del involucramiento de otros sectores en la corrupción, los diferentes poderes fácticos, quitaron el apoyo a las manifestaciones y empezaron a utilizar la segunda estrategia, para debilitar la unidad social que se estaba construyendo. Recordemos que hubo protestas apoyadas por diferentes grupos y estratos sociales; se unieron estudiantes de todas las universidades por primera vez y la sociedad gritaba al unísono #nomáscorrupción.

Por supuesto, esta unidad cuestionó otras realidades en el país, y de allí que (de nuevo) dividieron a la clase media, a la clase trabajadora y a los jóvenes con el argumento de las “ideologías” reviviendo la polarización en el país. Se acusó de “izquierdista” a quienes accionan contra la corrupción, y muchos corruptos tomaron algunas de las banderas de la derecha como el nacionalismo, la soberanía, o la pena de muerte. La sociedad cayó en la mentira y se debilitó la protesta social contra la corrupción. No existe tal lucha ideológica, es solo una lucha de poder, privilegios e intereses particulares. Por eso, no perdamos el objetivo social más importante, disminuir la corrupción para que esos recursos sean invertidos y utilizados para lograr el bien común.