En Guatemala la virgen no está para tafetanes

A qué grados de descomposición hemos llegado en Guatemala, que las fuerzas del mal siguen avanzando con el total descaro y artimaña. Hay un refrán que dice: “No hay mal que dure cien años, y pueblo que lo resista”. Esta frase creo que no es aplicable a Guatemala, porque llevamos más de cien años de estar sufriendo atropellos, dictaduras, saqueos a las arcas nacionales, impunidad, desigualdad ante la ley, etc., etc. Y los guatemaltecos seguimos aguantando como borregos los desmanes que los gobernantes desvergonzadamente han realizado, siguen realizando y lo seguirán haciendo, porque tristemente somos un pueblo cobarde, acomodado, indiferente, etc., etc.

Respecto a las vacunas contra el Covid-19, se han tirado millones de vacunas por caducidad a la basura, que equivale a Q203 millones que también se fueron a la basura, porque gracias a la ineptitud de las autoridades de salud y de comunicación social de la presidencia, no se realizó una verdadera campaña de concientización en los diferentes idiomas, para que la población tuviera la absoluta seguridad de que vacunarse era una gran solución para no contaminarse y no morir. Ahora viene Giammattei con el descaro que le caracteriza y dice que no puede obligar a nadie a vacunarse, que es una decisión personal; claro que es personal la decisión, pero si hubiese existido una buena campaña de estímulo y animados a inocularse, la situación fuese diferente. Al pueblo no le interesa si en otros países se han tirado las vacunas por extinción, nos interesa el nuestro, pero Giammattei cómicamente, pone de pretexto a que todos los países también han tenido que deshacerse de las vacunas que han vencido.

Hay que deducir responsabilidades por el mal uso de nuestro dinero a la exministra de Salud, Amelia Flores, al ministro de Salud, Francisco Coma, al comunicador social de la Presidencia, Kevin López e indiscutiblemente a Giammattei.

*Este artículo fue publicado originalmente en Nuestro Diario el sábado 9 de abril.