Fotografía de Esteban Biba

Las remesas enviadas por nuestros connacionales expulsados por la pobreza, la violencia y la indolencia estatal, constituyen ya el 20% del PIB y son 12 veces la inversión extranjera directa, IED. No veo el motivo de vanagloriarse de que la economía “va en buen rumbo”. Que Guatemala es el país que mejor pasó la pandemia. ¡Estas son mentiras!  Lo que sucedió es que la pobreza está llegando a tal punto, que millones de guatemaltecos han optado por irse, y puntual y religiosamente para ayudar a sus familias a sobrevivir, envían parte del dinero ganado bajo condiciones de esclavitud. Atole con el dedo (para variar) el discurso de nuestras “altas” autoridades.

Me pregunto, por qué el CACIF debe tener un puesto en la Junta Monetaria, si ellos NO son los mayores inversionistas en Guatemala…

La verdadera verdad, como diría mi abuelo, es que los $4 mil millones que los EE. UU. están ofreciendo para mitigar las causas de la migración son apenas una gota en el mar.  Esta cooperación no va a generar ningún impacto en el Triángulo Norte bajo el esquema actual. Centroamérica está destruida institucional y socialmente, víctima de una élite tan depredadora que ahora la batalla será por la competencia de los recursos provenientes de esta cooperación, para que finalmente los cambios nunca lleguen. El gobierno y sus adláteres insisten en vender una imagen que se topa de frente con la realidad. Para los 300 mil nuevos pobres que dejó la pandemia no hay optimismo ni respuesta gubernamental.

La solución solo llega con enfrentar las causas de la pobreza. ¡Por favor gringos, no volvamos a repetir el error del Plan para la Prosperidad! Si la hipótesis de causalidad es correcta y tienen claro que uno de cada dos habitantes en Centroamérica vive en la pobreza y que uno de cada seis pasa hambre, es necesario plantear la interrogante: ¿qué teoría de cambio sustenta la intervención si los actores que podrían detonar y conducir los cambios son los mismos y los tiempos políticos no coinciden con los procesos de desarrollo?

Entierro de Elfego Miranda, uno de los 16 migrantes asesinados en Tamaulipas, México. Fotografía de Esteban Biba

El problema al final es que, además de la justicia y la política, la economía también esta cooptada. Apenas un puñado de familias y de alianzas económicas controlan transectorialmente la producción y la distribución, establecen los precios de bienes y servicios en clara colusión y, sobre todo, controlan y dominan las reglas sobre las cuales funciona el sistema económico y social. Quien no tiene herencia o privilegios muere de asfixia económica.

Una interpretación diferente de la causalidad debe llevar a la interlocución y alianza con sectores diferentes. Haciendo lo mismo con los mismos, el resultado será siempre el mismo, es decir, más pobreza y más migración. Mientras las élites no entiendan que el bienestar de todos se traduce en mayor bienestar para ellos estaremos destinados a languidecer en una economía basada en la mano de obra barata, y ya demasiados países y demasiada gente en el mundo vive bajo esas condiciones. Si no, volteemos la vista a Bangladesh, el mayor maquilero del mundo, donde un empleado promedio en las maquilas gana ciento cincuenta dólares al mes, equivalentes a mil doscientos quetzales. Ninguna prosperidad ni desarrollo a la vista.