FOTOGRAFÍA DE SIMONE DALMASSO

Las reglas electorales no necesariamente indican la existencia de una democracia.  Algunas de las peores dictaduras de Guatemala, iniciaron con las elecciones, también dieron paso a gobiernos corruptos, autoritarios y antidemocráticos. La democratización de una sociedad, por tanto, va mucho más allá del ejercicio electoral. Una sociedad es democrática cuando el conjunto de sus instituciones políticas, sociales, económicas y culturales, apegadas a los valores y principios que los hacen funcionar para los fines que fueron creadas  generan resultados en “beneficio de la sociedad”.

Por décadas impulsando políticas de seguridad erradas, se llegó a la conclusión de que las instituciones encargadas de la seguridad, no se encuentran diseñadas para brindar seguridad a la ciudadanía.  La Seguridad es una de las funciones básicas del Estado.  En sentido general: es la capacidad de dar respuesta efectiva a riesgos, amenazas o vulnerabilidades, y estar preparados para prevenirlos, contenerlos y enfrentarlos. La seguridad se genera por medio de políticas públicas de desarrollo, y no por políticas de defensa.

Fue necesario acuñar un nuevo modelo de seguridad, para llegar a superar el modelo de la Seguridad del Estado y darle una nueva dimensión a la seguridad de la sociedad. Para ello ha sido necesario sustituir la inoperancia de los dispositivos militares, que demostraron su ineficacia para dar respuesta a la inseguridad, las amenazas, los desafíos, y privilegiar la democracia.

La Doctrina de Seguridad Nacional, DSN, impuesta por los Estados Unidos en el continente, planteaba que el Estado debía ser el centro de la Política de Seguridad, con lo que aseguraba su supervivencia, o más bien, a su Sistema Político; así como consideraba a la Población como el “Enemigo Interno”, razón por la que se debía aniquilar a toda costa.  El “bien a defender” por la acción estatal era el orden político mismo, y para hacerlo valer era sacrificada la seguridad de la población. En la actualidad el Estado no está amenazado por ninguna fuerza política que lo haga desaparecer, en todo caso las principales amenazas son el Crimen Organizado en todas sus manifestaciones, sobre todo el que tiene cooptados los poderes del propio Estado; también por la narcoactividad y la delincuencia en general.

Fotografía de David Toro

La Doctrina de Seguridad Nacional, DSN, ubicaba sus prioridades en la destrucción del Enemigo Interno.  Planteaba la Defensa Nacional para combatir al enemigo externo: el comunismo internacional, que, según esa doctrina, operaba dentro de los países. Por esa razón se debía combatir a las fuerzas insurgentes y se aplicó la contrainsurgencia utilizando para ello a los ejércitos. En Guatemala el ejército pasó a diseñar y aplicar sus propias acciones de seguridad para extirpar a ese enemigo interno: organizaciones sociales, sindicales, estudiantiles, obreras, campesinas, grupos étnicos y sectores democráticos que no aceptaban las medidas dictatoriales y autoritarias del régimen.

El nuevo paradigma de la Seguridad Democrática, SD, adoptado por los países de Centroamérica, fue aprobado por los presidentes en 1995 y ratificado por los Congresos, fue considerado parte del derecho interno y de obligado cumplimiento. La Seguridad Democrática se refiere a la existencia de un Estado capaz de promover acciones de desarrollo; que inciden en la generación de condiciones de bienestar para su población.  Contrario, a la DSN, considera que el centro de las actividades del Estado en materia de seguridad se debe centrar en la población.  Que el bien a defender es el ser humano. Al inicio, el tema de la seguridad se formuló con una dimensión de democracia política y justicia social. Producir seguridad y gobernabilidad consiste en crear condiciones y calidades de vida institucional, económica, social y personal.

El Estado de Guatemala, fue arrastrado a cumplir con objetivos de intereses externos, determinados por la Estrategia de Defensa de los EE. UU., la DSN. Esta legitimó las dictaduras militares, y regímenes autoritarios, mientras que los valores esenciales de la democracia, como el debate público y la participación ciudadana, fueron plenamente desconocidos o escondidos.

La falta de una política de seguridad no es su ausencia, sino de la persistencia de la aplicación de una política de seguridad autoritaria, contenida en la DSN, la cual ha sido retomada y ejecutada sistemáticamente por los últimos gobiernos militaristas, aún después de la Firma de la Paz firme y Duradera, y por una Agenda de Seguridad antiterrorista impuesta desde el Norte.

Fotografía de Carlos Alonzo