El proceso democrático iniciado con la Revolución del 20 de octubre de 1944, fue destruido en 1954 por la intervención del gobierno norteamericano, la Agencia Central de Inteligencia, CIA y el Departamento de Estado, organizando, financiando y dirigiendo un ejército de mercenarios.  Aprovecharon el sometimiento del ejército guatemalteco, la posición entreguista de la oligarquía y de la incipiente burguesía nacional, apoyando el Golpe de Estado contra el presidente Jacobo Árbenz Guzmán.

La invasión mercenaria de la “liberación”, eliminó las conquistas de la revolución, y las instituciones que impulsaron las políticas, programas y proyectos que beneficiaron al pueblo. La tierra se les arrebató a los campesinos, que fueron beneficiados por la Reforma Agraria, y en la mayoría de casos, se utilizó la fuerza y el asesinato contra los “agraristas”, sus dirigentes y líderes sindicales. Se produjo el cierre de los espacios políticos, de participación, la exclusión, marginación, la intolerancia y el anticomunismo visceral. Se intensificó la represión como política de Estado, originando la resistencia y oposición del pueblo, primero pacífica para luego evolucionar en sus formas políticas y organizadas contra el autoritarismo.  Fue la “liberación”, quien primero utilizó las armas contra el régimen democrático, imponiendo de esa manera la guerra. La transformación de la resistencia revolucionaria en movimiento armado, fue una agudización de la lucha política, lo cual no fue casual y tuvo varias expresiones.

Desde su inicio, “la liberación”, acuñó muchas mentiras que han perdurado durante décadas hasta la actualidad, difundidas por la derecha, las dictaduras y la contrainsurgencia, justificando de esa manera la lucha contra el comunismo. Aún se mantienen los argumentos y el discurso de 1954, que constituye la ideología y el falso patriotismo de la derecha guatemalteca, que entregó el país a los gringos. Estas mentiras fueron finalmente aclaradas, cuando la verdad sobre la destrucción de 10 años de democracia, fue aceptada en 2003 por el Departamento de Estados de los EE.UU.

Durante dos días, en Washington se presentaron una serie de conferencias y documentos desclasificados en los que, oficialmente la CIA, reconoció haber planificado, financiado, armado y dirigido el derrocamiento del presidente Árbenz.  Aceptaron la existencia del “manual de asesinatos” que se distribuyó por aquella época a los agentes de la CIA destacados en Guatemala. Esos manuales fueron utilizados por instructores norteamericanos, en la capacitación y entrenamiento de los esbirros locales, en las técnicas de tortura, asesinato y desaparición forzada, con las que se reprimió toda disidencia al régimen, impuesto por la fuerza.

El levantamiento del 13 de noviembre de 1960 contra el régimen de Miguel Ydígoras Fuentes, constituyó solo una nueva forma de la lucha, adoptada por el movimiento de resistencia. Marcó el comienzo de una era de rebeldía, cuando el país se encontraba bajo el régimen militar. Inicialmente un grupo de mandos medios militares y oficiales jóvenes de ejército, se levantó en armas contra el gobierno corrupto y encabezó una guerra que, con todas las variantes conocidas, se extendió por 36 años, con un altísimo costo social, no proporcional en el continente.

Fotografía de Jean-Marie Simon

Guatemala y América Latina, fueron víctimas de la estrategia que EE.UU., instituyó para luchar contra el supuesto comunismo. Planteaba que cualquier país del continente que cayera dentro de la “órbita del comunismo”, sería una amenaza para su seguridad. De esa manera la estrategia que contenía la Doctrina de la Seguridad Nacional, DSN, aseguraba que el comunismo era una amenaza externa, que se debía extirpar internamente en los países, no importando si se debía eliminar a los grupos sociales que se opusieran al régimen. Se planteó la existencia de un “enemigo interno” constituido por sectores democráticos, progresistas y revolucionarios, que se oponían a las medidas dictatoriales impuestas por la liberación y que supuestamente, seguían las órdenes y línea política de Moscú y la Habana.

La Revolución Democrática, que pretendió modernizar el país, sacándolo del régimen semi-feudal, para consolidar el sistema capitalista; nunca fue una amenaza real para la “seguridad” de los Estados Unidos. Ello se hizo creer, por medio de las mentiras pregonadas a través de todos los medios de comunicación de la época, nacionales e internacionales, en complicidad con la OEA. La consecuencia fue la destrucción de 10 años de democracia, que hubieran constituido las bases del desarrollo y del bienestar de la sociedad guatemalteca. Esas políticas de la derecha que ha gobernado el país, han sumido a la nación en su mayor crisis política y económica, así como generando una descomposición social, producto del colapso de su sistema político, y la corrupción que campea en las esferas del poder y estructuras gubernamentales.