Cuando un país como Guatemala crece macroeconómicamente, los trabajadores ni siquiera se percatan porque sus ingresos continúan igual, pero cuando se produce lo que ocurrió en 2020 en que la economía nacional se contrajo a 1.8%, entonces toda la sociedad sufre las consecuencias, se produce un retroceso en los pocos avances que se habían alcanzado en Educación y Salud, la inversión social disminuye sustancialmente y el índice de desempleo se incrementa considerablemente. La pobreza se socializa y la riqueza se disfruta individualmente.

De manera permanente en el país los grupos vulnerables se encuentran en condiciones precarias, la crisis ha afectado especialmente a la mujer que ha tenido que enfrentar de la noche a la mañana encontrarse sin trabajo y en condiciones complicadas para lograr la manutención de sus hijos y otras cargas familiares. La niñez como consecuencia del cierre de las escuelas ha visto limitados algunos beneficios, como obtener la refacción escolar, que tradicionalmente ha contribuido a mejorar la alimentación.

Es importante mantener presente que Guatemala es uno de los países más pobres del mundo, debido a la desnutrición crónica el retraso en el crecimiento afecta al 47% de los niños menores de 5 años, al 58% de los niños indígenas y al 66% del quintil de niños con menos ingresos. En 2019 el país ocupó la posición 68 de los 113 países que fueron evaluados para determinar cuales presentaban inseguridad alimentaria.

En 2021 el número de contagios se ha incrementado, los muertos han alcanzado cifras astronómicas que superan con creces las ocurridas como conciencia de la violencia o de la guerra que se vivió hace pocos años. Pero, aun así, la población se ha visto en la necesidad de enfrentar el reto de salir a las labores, de continuar produciendo y ello podría ayudar a que la economía de 2021 pueda crecer incluso hasta 4.5%, pero debido a la baja carga tributaria, los malos salarios y la actitud avorazada de la mayor parte de empresarios, ese incremento se quedará en las altas esferas.

Fotografía de Daniele Volpe

Ese efecto tipo cascada del cual se habla reiteradamente, podría llegar a producirse con un crecimiento arriba del 4.5 durante al menos dos décadas, ello podría ayudar a que toda una generación cimente las bases de lo que podría ser el desarrollo integral que beneficie a todos y todas.

Uno de los primeros pasos debe ser la erradicación de la corrupción, luego incrementar el gasto social y esto solamente se logrará incrementando la carga tributaria.