Las vacunas son cualquier preparación de ingeniería genética u otras tecnologías que buscan generar inmunidad en el organismo ante una determinada enfermedad. Generalmente las vacunas usan bacterias, virus debilitados o muertos para que el sistema inmunológico los reconozca y estimule la producción de anticuerpos que posteriormente nos protejan de una infección.

Los bebés, antes de nacer, adquieren las defensas necesarias para protegerse ante posibles infecciones durante las primeras semanas de vida, por medio de la leche materna. Sin embargo, en poco tiempo pierden esta protección, por lo que es importante la vacunación del niño para poder mantenerlo seguro ante las enfermedades.

Cuando algún virus o bacteria invade nuestro organismo, ataca y se multiplica en nuestro sistema, a esta invasión se le conoce como “infección”, causando la enfermedad. El sistema inmunológico tiene varias herramientas para combatir estas infecciones, entre ellas se encuentran los glóbulos blancos que son los encargados de luchar contra estos microorganismos y eliminarlos del cuerpo.

 

Seguir con las medidas de prevención

De acuerdo con los expertos de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard, aún no hay estudios que indiquen que tras recibir la vacuna contra COVID-19 las personas no contagien a otras del virus, ya que es posible que una persona vacunada pueda tenerlo replicándose en su nariz y garganta, pero aún esto sigue en proceso de investigación.

Es por ello que después de vacunarse se deben seguir con las medidas de prevención como el uso de la mascarilla y el distanciamiento físico, hasta que las autoridades de salud indiquen que ya es seguro retirar estas barreras de protección.

 

Fuente de información: Organización Mundial de la Salud -OMS- y Centro de Control de Enfermedades de Estados Unidos -CDC-.