Más que un juego de palabras, es una triste realidad que se repite durante cada proceso electoral y que pareciera estar arraigada en la cultura nacional. Urge cambiar la lógica con la cual escogemos a nuestras autoridades y la razón por la cual apoyamos a un determinado proyecto político.

Fotografía de Ban Vel

En 1982, el sistema había llegado a su límite, los gobiernos militares apoyados por ciertos sectores económicos y políticos habían llevado al país a la bancarrota, al caos social interno y al aislamiento internacional.

La constituyente de 1984 y las elecciones del ´85, se caracterizaron por una apertura del sistema. Participaron partidos políticos, pero también candidatos individuales, ya que la idea era empezar a dar la impresión de que se abría la democracia. Hubo un respiro social y la clase media, el pueblo escogió por un cambio, por personas distintas a las que habían estado gobernando.

Sin embargo, desde 1990 se cayó de nuevo en la lógica pragmática de elegir a quien pueda “proteger nuestros intereses”; el de cada grupo y persona, no los intereses del país. Ciertos grupos empezaron a manipular el sistema para su propio beneficio, pero al final es el país y todos nosotros quienes salimos perjudicados.

Algunos empezaron a comprar a los políticos. Pero luego, el crimen organizado les ganó la partida. Y hoy muchos políticos obtienen de ellos los recursos que necesitan además de robarlos del presupuesto del Estado. No responden ni a los financistas privados y menos a los votantes.

Por intereses particulares, muchos sectores se han aliado a los corruptos y al crimen organizado, pero al final, nadie puede controlarlos y los abusos de autoridad cada vez son más frecuentes, incluso en contra de quienes en algún momento han apoyado a estas figuras. Se aplica muy bien el refrán: “cría cuervos y te sacarán los ojos”.

Entonces, debemos cambiar nuestra lógica. Apoyar a personas y líderes con ideales, con valores, con ética, que tengan por objetivo, el bien común del país. Aparentemente, podría parecer una pérdida de poder y de privilegios, pero en el mediano y largo plazo, los beneficios económicos, sociales y políticos serán mayores de los que hoy obtienen.

¡La lógica es simple, si queremos buenos gobernantes, se debe apoyar a buenas personas!