Luego de la previsible movida shuca de los diputados de la Clica de Corruptos que impidió el día de ayer la juramentación de la magistrada electa para la Corte de Constitucionalidad, Gloria Porras, no se hizo esperar la reacción de las autoridades imperiales.

La congresista estadounidense de origen guatemalteco, Norma Torres, afirmó que le preocupa que en el país se elijan jueces constitucionales con conflictos de intereses y presuntos vínculos con la corrupción.

La CC era la entidad que equilibraba la relación de fuerzas políticas que ponían freno a los desmanes del Pacto de Corruptos. Por eso los diputados pactistas andarán quemando cuetes y montando orgías dionisiacas, celebrando que ora sí, gracias a la nueva magistratura, prácticamente nada les impide la instauración definitiva de esa suerte de dictadura parlamentaria sui generis que se prendió como garrapata a las ingles del Estado.

Por eso, como expresando la voluntad del populacho guatemalteco, la subsecretaria interina de la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado del Imperio Yanqui, Julie Chung, montó en cólera desde su cuenta de Twitter. Manda decir que están “profundamente preocupados por la maniobra realizada”, y no es para menos. Al parecer los intereses gringos, que dependen de sembrar cierta estabilidad política en el salvaje Triángulo Norte, ven cómo el narcoestado guatemalteco se les va saliendo de la bacinica.

Julie Chung, subsecretaria interina de la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado.

Independientemente de que nadie con un poco de conocimientos históricos debería confiar en la política exterior estadounidense, la boquita de Chung está toda colmada de razón cuando dice: “Esto socava el compromiso de Guatemala con un poder judicial independiente y con el abordaje de la corrupción sistémica”.

En realidad, los designios populares en Guatemala hace tiempo que andan de manos atadas viendo como el apocalipsis pasa frente a ellos, disfrutando de una lenta pero placentera agonía en la que nomás queda encomendarse a Dios, al Diablo, o a quien haga falta. Los antropólogos culturalistas dirán que a Maximón. A saber…

Fotografía de Francisco Pérez