El extatascán de la Comisión Presidencial de Atención a la Emergencia Covid-19 (Coprecovid), Edwin Asturias, quien, dicho sea de paso, se la peló cuando ostentó ese puesto, pidió al gobierno de Guatepior, desde la impunidad de su cuenta de Tuiter, que declara lesivo el contrato hecho con los rusos. Al parecer, tal disparate surge del conato de reinvención de la Guerra Fría que ha acompañado al aparecimiento de la vacuna rusa.

La pobre rusa —la vacuna— ha sido constantemente asediada por los medios hegemónicos de occidente, desde que iniciara “la carrera” por la fabricación del fármaco contra la Covid 19. Después de una época de incertidumbre alimentada por los medios de comunicación, posteriores estudios de eficacia han demostrado que es la más eficaz de las vacunas que existen contra la Covid. También menguó el asedio cuando otras pruebas científicas demostraron que era la vacuna de AstraZeneca, más bien, la que representaba más riesgos a la salud de los vacunados, pues un porcentaje mínimo de personas vacunadas sufrió el aparecimiento de trombos sanguíneos, provocando que a algunos países les diera culío seguir aplicándola a sus ciudadanos.

Pero la reciente noticia de que la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria de Brasil rechazó la importación de la Sputnik V, por supuestas deficiencias en la calidad de esta, se presenta como el nuevo engaña bobos que, en este caso, alerta los fusiles del nostálgico exjefe de la extinta Coprecovid.

Los fabricantes de la vacuna Sputnik V denunciaron el martes que la decisión del gobierno brasileño, no es otra cosa que una chingadera de carácter político, que nada tienen que ver con demostraciones de carácter científico. «El ministerio de Salud de Estados Unidos, en su informe anual de 2020 hace varios meses, declaró públicamente que el agregado sanitario de Estados Unidos “había convencido a Brasil de rechazar la vacuna rusa”», dijeron los rusos.

«Si #Rusia no puede asegurar la entrega ni la calidad de la @sputnikvaccine para #Guatemala, el @GuatemalaGob debe declarar el contrato nulo o lesivo. La seguridad de la #VacunaCOVID19 es clave para la población y #COVAX y otros ofrecen vacunas probadas», tuiteó el señor del moño ridículo.

Cierto es que hay un retraso en la entrega de las vacunas, pero nadie sabe a ciencia cierta —según el propio Ministerio de Salud— para cuándo se estipuló la llegada de la vacuna. Los faferos ya estuvieran poniéndose en contacto con algún ruso, para tener alguna certeza del asunto. Sin embargo, ponerse a hablar sobre la calidad del fármaco, cuando ni siquiera ha ingresado al país, y cuando ni siquiera se sabe si exista la tecnología necesaria en Guatepior para hacer análisis de ese tipo, es un acto de mala fe, o un mero flato nostálgico por la Guerra Fría, atravesado en el intestino grueso.

Según el periódico La Hora (citamos textualmente): «inicialmente Rusia había ofrecido vacunas que requerían una refrigeración de -2 a -8 grados centígrados y ahora la que ofrecen requiere de -20 grados centígrados, lo que complica su almacenaje y distribución».

Pero como Dios es grande, hoy llegó a Guatemala un lote de AstraZeneca de 321,600 dosis, adquiridas por el mecanismo Covax, para que un par de viejitos puedan morir de trombosis. ¿Se cumplirá el sueño del señor del moñito?