Cuando uno es niño lo común que entre el grupo de la colonia siempre haya un brabucón, ese niño insolente y bueno para los cuentazos,

Todos recordamos al brabucón de nuestra infancia, el patojo de la colonia que era insolente y bueno para los cuentazos, quien acaparaba todo, en la escuela él escogía los primeros libros, en los cumpleaños él se llevaba la mayoría de dulces, a la hora de las chamuscas él escogía el mejor equipo, cosas triviales que uno piensa en las tardes de invierno.

En aquella época nadie podía hacer nada al respecto, claro, ese pensamiento conformista heredado de nuestros padres y ellos de los abuelos nos ha mantenido bajo la opresión voluntaria que nos hace normalizar la desigualdad en la vacunación, una situación que al final no se puede cambiarse.

La brecha económica se hace más visible al monitorear las dosis administradas por región en el mundo, América Latina y África tienen la aplicación más lenta y en gran parte esta es inexistente, mientras que en países como Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, China, la fase de vacunación se está aplicando ya a jóvenes y grupos de bajo riesgo, acaparando así el 85% de las vacunas, si se hubieran repartido de forma equitativa ya se hubiera inmunizado a los profesionales de salud y personas de la tercera edad en el planeta entero.

Después de los esloganes motivacionales de “la vacuna es un bien común” “salud para todos por igual” “el mundo está más unido que nunca”, el modelo actual de vacunación representa un negocio económico burdo más desalmado incluso que el de las armas, con un modelo geopolítico que no conoce la solidaridad, donde los países ricos y brabucones se pusieron al principio de la fila y acapararon la mayor parte de las vacunas, dejando a la deriva a países tipo el que tenemos nosotros, sumándole la corrupción que vivimos, la falta de planificación y la  ineficiencia para gestionar y ejecutar la distribución de las vacunas, quedando con la esperanza de la distribución caritativa mediante el Fondo de Acceso Global para Vacunas COVID-19 (COVAX). Siendo optimista y viendo las condiciones actuales, nos terminarán de vacunar allá por el 2024, tomando en cuenta que el coronavirus estará con nosotros por mucho tiempo y que seguirán surgiendo variantes que complicarán el control empeorando la situación sanitaria que hoy sufrimos.

La visita de la vicepresidenta de Estados Unidos Kamala Harris a nuestro país para abordar las causas profundas de la migración, más allá de ser una diversión desde el inicio con el ridículo intento de Giammattei de hablar un idioma al puro estilo de Anabella De León, fue un claro ejemplo de la brecha que nos divide en todos los sentidos, fue literalmente la visita del tío Sam con una mano llena de dólares y la otra con un garrote que en cualquier momento puede usar, porque de solidaridad para con la actual crisis de la pandemia no hubo tiempo en la agenda. ¿Se comprometerá realmente Harris con la sociedad civil y las organizaciones sociales con las que se reunió o bien acabará complaciendo al gobierno a cambio de ciertas concesiones?

Solo con una gran movilización ciudadana, movimiento social y de partidos políticos que permitan democratizar integralmente la investigación, desarrollo y distribución de productos farmacéuticos se podrá lograr una vacuna universal que proteja a toda la humanidad, ¿se puede lograr? Sería de comenzar por nuestra casa, a este lugar que nos vio nacer y que los gringos siguen viendo como una república bananera que tanta falta le hacen las vacunas y mucho más.

Fotografía de Esteban Biba