La visita de la vicepresidenta de los Estados Unidos, Kamala Harris, ha generado todo tipo de reacciones. Muchos la ven como un gesto positivo para el país y la región, ya que evidencia que la potencia del norte nos tiene como una prioridad en su agenda de política exterior. Otros, alzan la voz para alegar “injerencia extranjera” tal y como lo hicieron en contra de la Cicig, en su momento. Talvez, porque la estrategia puede servir nuevamente para dividir a la sociedad guatemalteca.

Aún otros, ven la visita como la antesala de acontecimientos por venir. Si recordamos nuestra historia reciente, poco después de la visita de Joe Biden, en aquella época vicepresidente, se vino la renuncia de la dupla Perez-Baldetti (2015), quienes terminaron encarcelados por las acusaciones de corrupción en su contra.

Al hacer un análisis objetivo, lo cierto es que Estados Unidos está preocupado porque lo que pasa en Guatemala y en nuestros vecinos países les afecta a ellos en forma directa y están tratando de enviar mensajes para que nuestros gobernantes corrijan el rumbo. Una de las justificaciones es la migración, que definitivamente representa una complicación, porque la falta de oportunidades sociales en el país obliga a la gente a migrar.

Pero la verdadera razón es que la corrupción, más allá del robo del dinero del Estado, destruye la institucionalidad democrática estatal y facilita la infiltración del crimen organizado en las instituciones gubernamentales. La corrupción debilita al Estado, porque permite que los puestos sean ocupados por personas sin las capacidades necesarias para que cumplan con las funciones en forma eficiente; y a su vez, esto imposibilita alcanzar el bien común.

La visita de Kamala es un claro mensaje para que el gobierno frene la corrupción de sus funcionarios. Y hay ejemplos evidentes, la corrupción que promueve las licitaciones ilegales y concesiones fraudulentas en puertos, aeropuertos, carreteras, etc., permite el trasiego de ilícitos de Guatemala hacia los Estados Unidos y el mundo, y ésta es la preocupación de nuestros vecinos.

Reflexionemos, leamos entre líneas, veamos nuestra historia, y veamos qué hacer para que este renovado interés del norte se convierta en algo positivo para nuestro bello país.