El anunciado robo de las próximas elecciones es el preámbulo del tenebroso futuro que nos espera. Es preocupante que los votantes no se percaten del poder que tienen para evitar el fraude orquestado por el partido oficial.

Son pocos los postulantes a elección popular que se han pronunciado al respecto de la manipulación del oficialismo para sumar en sus filas a diputados y alcaldes que operen en favor del candidato oficial. A estas alturas, sería aconsejable unirse para formar un frente que evite el continuismo.

Los políticos están más preocupados por el activismo, aunque algunos temen no ser inscritos y los más se preparan para defenderse de posibles denuncias por corrupción. Aunque los partidos carecen de ideología, es notorio que la abrumadora mayoría apoya al gobierno corrupto de Giammattei porque les permite continuar con el saqueo de las arcas nacionales o porque le temen a la llegada de un gobierno de corte izquierdista debido a que los netcenteros pagados por fundaciones empresariales se encargan de azuzar ese miedo con una narrativa “anticomunista”.

Fotografía de Fernando Chuy

Parece que el pueblo empieza a despertar del letargo en que nos dejó el gobierno de Jimmy Morales, cuando todavía tenía algún sentido la supuesta institucionalidad. Hemos visto que la cacareada soberanía y supuesto patriotismo de un gobierno que se dice de derecha es solo la fachada que esconde su verdadera mala intención de vender al mejor postor los recursos naturales. Quienes dicen ser defensores de la patria son quienes la mancillan y la venden por pocos centavos y promesas de empleo falaces. Los autodenominados “patriotas” defienden el saqueo de nuestros impuestos y se ponen de escudo para proteger los intereses de las empresas extranjeras. El discurso mediocre del mentiroso de turno ha dejado de tener seguidores entre los ciudadanos que se esfuerzan por sobrevivir. Otros han optado por abandonar su tierra para buscar nuevos horizontes. Los que nos quedamos tenemos la harta obligación de denunciar y, en lo posible, tratar de hacer algo para defender lo poco que queda de país.

La escasa capacidad de denuncia de los futuros candidatos tiene su origen en la mordaza que impone la Ley Electoral y de Partidos Políticos. Quienes sí se atreven a denunciar, posiblemente tienen conexiones en el TSE y saben que las acciones en su contra no prosperaran.

La única alternativa a la implantación de la dictadura que ya se vislumbra es la protesta ciudadana que han querido acallar con leyes que restringen la libertad de expresión y las manifestaciones populares. La suerte está echada y es momento de enarbolar la bandera de la libertad y pronunciarse con un rotundo, ¡No a la dictadura!

Fotografía de Nelton Rivera

El candidato o candidata que tenga el valor de defender los derechos ciudadanos posiblemente logre tomar la delantera, siempre que no sea uno de los mismos achichincles y consabidos charlatanes que conocemos de sobra.

El votante tiene la última palabra, pero dada la inclinación de la gente sencilla a votar por el mentiroso, el que le ofrece una bolsa de víveres, un lío de láminas o una herramienta pagada con sus mismos impuestos, se hace necesaria una campaña de educación política de nivel nacional, más que la campaña de volantes, carteles y canciones pegajosas.

Estamos a las puertas de una “operación final” para imponernos una dictadura fascista que obligará a muchos más guatemaltecos trabajadores al exilio. No podemos dormirnos otros cuatro años mientras la misma o una diferente manada de hienas hambrientas de poder y dinero terminan de saquear lo poco que va quedando de un Estado que se cae a pedazos.

Es urgente difundir la información a todos los rincones de la república para que hasta el más humilde campesino se entere de quién es quién en la contienda. El mensaje debe llegar claro y contundente para que no sean engañados por otro embaucador corrupto. La tarea parece imposible, pero estoy convencida de que se puede cuando existe mística y compromiso genuino por la verdad y la justicia.

Fotografía de Simone Dalmasso