¿Por qué se niega la autenticidad del “Diario Militar”? ¿Por qué se quieren esconder los asesinatos cometidos por las fuerzas represivas del Estado de Guatemala?  No es un invento o propaganda de la izquierda, como ahora se pregona. Las víctimas fueron reales, muchos fueron dirigentes conocidos, sindicalistas, estudiantes, obreros, profesionales y otros, que fueron capturados, torturados y asesinados. Algunos aparecieron tirados en varios lugares, con señales de tortura o descuartizados, otros fueron simplemente desaparecidos.

El Ejército nunca ha reconocido las violaciones de los Derechos Humanos cometidos contra la población y más que desarrollar una guerra contra la insurgencia, fue un ejército de ocupación, cuyo propósito fue el control político de la sociedad por la fuerza, contra la que cometió los más viles asesinatos.

Estados Unidos, consideró que cualquier país de América Latina, que cayera en manos del comunismo, representaba una amenaza para su seguridad. Por tal razón diseñó y aplicó la Doctrina de la Seguridad Nacional, DSN, utilizando a los Ejércitos de los estados latinoamericanos, por medio de los cuales, aplicó su política de contrainsurgencia. De esa cuenta, las dictaduras militares y los gobiernos de extrema derecha, fueron fieles representantes de los intereses geopolíticos de los Estados Unidos en el continente.

Uno tras otro, los gobiernos de Guatemala con menor o mayor creatividad y dirigidos por la potencia del Norte, aplicaron la contrainsurgencia como Política de Estado. Sometieron a la sociedad, considerada el “Enemigo Interno”, a una práctica sistemática de persecución por sus ideas críticas al sistema, aplicando la tortura, el exterminio de población civil, la ejecución arbitraria de mujeres, niños y ancianos, así como la desaparición forzada.

Guatemala fue escenario de uno de los Conflictos Armados Internos más duraderos en América Latina. Se caracterizó por la extrema crueldad que aplicó el Estado y sus fuerzas represivas a sus oponentes políticos, impulsado por las constantes dictaduras militares, el funcionamiento de un Estado autoritario, con una excesiva violación de los derechos humanos.

La represión sistemática se convirtió en una cultura estatal, mediante la cual, se gobernó al país, llegando a cometer crímenes de Lesa Humanidad para someter a sus habitantes. Estas violaciones fueron plenamente comprobadas, luego de la publicación de los informes de la Comisión de la Verdad: Guatemala Memoria del Silencio y el del REMHI, Guatemala Nunca Más, también por la comunidad internacional y reconocidas en los documentos desclasificados de la CIA,

La Institución Armada se negó a colaborar con la Comisión de Esclarecimiento Histórico, CEH, pese a las innumerables solicitudes, no se obtuvo los datos solicitados.  Esa negativa, a no querer encarar la historia, ni asumir su responsabilidad, lejos de producirle algún beneficio, le ha causado mucho daño frente a la sociedad, quedando sola cargando toda la culpa de los excesos del Estado contrainsurgente.

Esto, luego de que los grupos económicos de poder que utilizaron al Ejército en la defensa de sus intereses económicos, le dieron la espalda; al igual que los civiles corruptos que se sirvieron de él; de la misma forma, los políticos que lo utilizaron de apoyo y escalera para sus fines y proyectos.   Es por ello que el Ejército se encuentra enfrentado y se seguirá enfrentando con la sociedad guatemalteca, la que exige una actuación más coherente, con los cambios que se han operado en todos los terrenos de la vida nacional, en la transición hacia la Democracia.

El conflicto armado, a propósito, es una guerra olvidada y ocultada, porque desde su inicio el Estado la cubrió con una cortina de humo, como parte de la estrategia de desinformación, para que el conflicto no se conociera en sus reales dimensiones, nacional e internacionalmente. En esas condiciones, el ejército mantuvo el control de los medios de comunicación y sólo se publicaba lo que este autorizaba, manteniendo una manipulación y deformación de la verdad. Una vez finalizado el conflicto, el Estado se ha encargado de esconder la historia y los hechos, promoviendo su “propia versión” de la guerra.

Los criminales que ahora tienen más de 70 años, fueron los oficiales que en su época cometieron esos crímenes, y estos no prescriben.  No se propone tampoco que la sociedad olvide el pasado, pero se hace necesario superar la cultura de violencia y dar paso a una nueva cultura de paz, lo cual no significa borrón y cuenta nueva, y seguir haciendo lo mismo sin ningún cambio, significa hacer justicia.