ARTÍCULO EXPRÉS

Este día que escribo mi artículo se conmemoran los 78 años de que la ciudad capital amaneció encendida luego de que un grupo de valientes estudiantes, profesionales, militares, maestros, obreros, etcétera (todos jóvenes) emprendieran un levantamiento contra el gobierno del aprendiz de déspota Federico Ponce Vaides.

Hay quienes todavía confunden a qué gobernante se depuso en el movimiento revolucionario, pues Jorge Ubico renunció el 1 de julio de 1944, y la Asamblea Legislativa, controlada por los partidos ubiquistas, eligió presidente interino a Federico Ponce Vaides, quien arteramente quería continuar como el anterior gobierno.

Fotografía cortesía del Museo Nacional de Historia

Según documentos históricos, la movilización social que no había sido permitida en los 13 años de la dictadura de Jorge Ubico empezó a manifestarse a partir de junio de 1944; maestros, estudiantes, y trabajadores se lanzaron a las calles para exigir la libertad de organizarse en grupos políticos, de organizarse gremialmente para obtener mejores salarios, tener mejor educación, que se hiciera justicia en los tribunales y no solo de acuerdo al juicio arbitrario del dictador, que hubiese leyes para todos, y que fueran acatadas, y otras demandas más. La sociedad estaba harta de que todo se hiciese a voluntad de Ubico, de vivir con temor y del estado de marginación y miseria sufrida por la abrumadora mayoría de guatemaltecos.

El 20 de octubre valientes y numerosos obreros, estudiantes universitarios y maestros recibieron armas de los elementos militares en la Guardia de Honor. Se combatió en las calles con espíritu patriótico y valiente, en donde la juventud henchida de gallardía defendió a Guatemala para no seguir sometida en las garras de la dictadura.

Hoy, 78 años después de ese gran acontecimiento, nos encontramos también ante un aprendiz de dictador, que se ha valido de la intriga, la compra de voluntades y el apoyo de los partidos comprometidos con el narcotráfico y la corrupción.

Hoy, 78 años después de ese acontecimiento en donde la juventud valiente, decidida y con espíritu patriótico, salió a las calles a luchar por devolverle a Guatemala un clima de seguridad, honestidad y libertad.

Participantes de la gesta revolucionaria de 1944 frente al Palacio Nacional, Ciudad de Guatemala. Fotografía cortesía del Museo Nacional de Historia

Me duele repasar nuestra historia, porque veo que está llena de sufrimientos y tragedias, porque el ideal patriótico que tuvo la juventud en los derrocamientos de las dictaduras de Estrada Cabrera y Ubico, ahora se han disipado, nos encontramos ante un pueblo adormecido, sin temple, que se conforma con hacer críticas e insultos sin sustento a través de las redes sociales, gente joven cuyo único fin es permanecer imbuido en el smartphone, entumecido y embrutecido cada día, más.

Si algún día despierta de esa deplorable indiferencia, se dará cuenta que su apatía y la despreocupación ante los problemas de Guatemala, se convertirán en tragedia para él y para sus futuras generaciones, pero cuando eso suceda, ya para qué, el tiempo pasó y los inmorales vende patrias nos vencieron a todos.

Guatemala todavía se rescata, pero necesita que su pueblo recto y decente despierte y se arme de valor para sacar a todos los sinvergüenzas que se han estado burlando y riendo en nuestras caras con el cinismo que les caracteriza. Los guatemaltecos honrados y trabajadores no nos merecemos que estos funestos funcionarios se apoderen de nuestro dinero que con tanto esfuerzo y sacrificio hemos contribuido a nuestro país con la convicción de que se traduzca en programas de Educación y Salud, como también en obras de Infraestructura,  no para que vaya a parar a las manos de criminales.

¡NO NOS VAN A CALLAR!

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Ciudad de Guatemala, octubre de 1944. Fotografía cortesía del Museo Nacional de Historia