Por décadas, los columnistas y opinionistas de la derecha rancia o libertaria nos han martillado con famosas frases como, “El poder tiende a corromper, el poder absoluto corrompe absolutamente” o aquella otra, “Locura es hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes”.

Fotografía de Fernando Chuy

Estas citas que se atribuyen a Lord Acton y Albert Einstein respectivamente, se pueden aplicar muy bien a quienes hoy creen tener el poder. Del autoritarismo estamos pasando rápidamente a la dictadura, pero, para sorpresa de muchos, son los mismos personajes que repiten y repiten estas frases quienes defienden al corrupto dictador que nos gobierna.

Asombra ver que se alegran de las leyes que aprueban los impresentables diputados de la coalición oficialista, mismas que coartan nuestros derechos y libertades. Asusta la sed de venganza que les carcome. Lanzan vivas a quienes hoy hacen lo mismo que antes cuestionaban en los otros. El poder absoluto que ostenta el dictadorzuelo y su consorte parece no molestarles. Al contrario, se encargan de instigar en contra de operadores de justicia que otrora perseguían a los corruptos y se vanaglorian por la cooptación de las Cortes que no dejan pasar antejuicios en contra de sus aliados políticos, aunque las pruebas de la corrupción sean contundentes. Tanta frase vacía que repiten hasta el cansancio, pero caen en la trampa de hacer lo mismo que, según afirman, hacían los otros cuando tenían cierto poder.

Locura al hacer lo mismo, sed de venganza, vítores en favor del dictador de turno y el aval para que continúe el saqueo que empobrece y anula cualquier intento de progreso apoyando a las mismas figuras opacas descendientes de saqueadores del Estado, vendepatrias, robavueltos, charlatanes populistas, mitómanos narcisistas y descerebrados, los convierte en lo mismo que dicen detestar en los representantes del otro extremo ideológico.

En su pobreza mental solo existe izquierda o derecha recalcitrante. Contribuyen a la polarización que no construye. Sus pequeños cerebros están llenos de odio, rencor y resentimiento acumulado en contra de todo aquel que piense distinto. Qué pena que ahora aplaudan a un dictador corrupto para que nos gobierne a su antojo en la creencia de que los representa. Que estúpida manera de esperar resultados distintos actuando igual que aquellos a quienes condenan.

La ley del péndulo es inexorable cuando de política se trata. Todo lo que sube tiene bajar, lo que crece tiende a decrecer, lo que se da se recibe, el mal que hacemos se revierte cual búmeran que tarde o temprano nos golpea, aun así, algunos no aprenden, no razonan y, haciendo lo mismo, esperan resultados distintos. El punto de quiebre se acerca.

Fotografía de Fernando Chuy