Un absurdo pensar lo impensable, en su momento una utopía, una gran estupidez, que el pacto de corruptos se encarame en la democracia desvalida de este país tan golpeado, quejumbroso, que agoniza mientras que esos hijos de la gran Patria, cínicos, corruptos, inescrupulosos cuentan una victoria más.

En su discurso de toma de posición de la junta directiva en el congreso, Allan Rodríguez con la misma labia de Jimmy Morales en sus tiempos de sentirse poderoso, culpa la división en el país a todas las personas que representan un tropiezo para sus negocios sucios, con tanta confianza y seguridad determina que la política no será judicializada y la justicia no deberá ser politizada, y también como gallito de pelea dijo que no se iba a permitir la injerencia en el país, él sabía que su faena estaba hecha, ocupar nuevamente la presidencia en el congreso y rodearse de una directiva servil y con fines corruptos.

El presidente Alejandro Giammattei en cambio, en su discurso por su primer año en el cargo, culpó a la pandemia, su ineficiencia, su incapacidad, sus malas decisiones, sus pésimos resultados, los traía la pandemia; la indiferencia de este gobierno a los temas de desnutrición, justicia, pobreza, los traía la pandemia, y tan aferrado a esa idea está que para callar y asustar a la población será capaz de volver a hacer uso y desuso de las restricciones, porque ésta consolidación del pacto de corruptos es por culpa de la pandemia.

Mientras en su discurso las palabras las aplaudían los diputados cómplices de esta macro estructura criminal, todo lo que decía se contrastaba con la confirmación de los ministros que en algún momento dijo que cambiaría, ni siquiera por pena o vergüenza pudo destituir a Gendri Reyes, ministro de Gobernación y encargado de la represión en la protesta del 21N, esto confirma la autoría del Presidente en esos actos tan cobardes y despreciables, que por estas acciones podemos suponer que no tiene intención de tolerar inconformidades de la población hacia su gobierno en lo que resta de su mandato.

La pieza clave fue movida, como era evidente las intenciones de cooptar la Corte de Constitucionalidad no tenían límites, una celebración más para el pacto de corruptos que pone en jaque todos los intentos de una Guatemala mejor; con Mynor Moto como magistrado, la balanza de la corrupción supone un peso mayor a favor de la impunidad y acentúa la poca credibilidad y la falta de transparencia del Colegio de Abogados y Notarios de Guatemala (Cang).

Con todas estas circunstancias y si no nos unimos para ponerle un alto a este pacto malicioso, nos convendría mejor tener consideraciones de nuestros hermanos migrantes hondureños, que huyen de una realidad que no está lejos de la nuestra, aunque aún estamos a tiempo de renovar nuestra historia, porque a Guatemala solo le hace falta despertar.