Tanta casaca nos mantiene en un letargo confundidos

El problema está en tanta casaca que nos meten, muchas pajas y empacho político, que dejan a la mayoría en un letargo que los mantiene confundidos viendo únicamente la máscara que esconde al verdadero monstruo, en lugar de mirar en la dirección correcta, existe una miopía tan arraigada y tan mediocre que contribuye al desbarato del Estado.

Sandra De León, diputada del bloque BIEN durante una reunión en el Congreso. Fotografía de Fernando Chuy

Ese es el verdadero problema, el fracaso de la clase política, que impide la prosperidad de un país tan vulnerable y amenazado por diferentes crisis, si bien la pandemia reciente nos ha demostrado la calaña de nuestros políticos, su ignorancia e indiferencia ante los problemas, su ausencia de ideas innovadoras y que solo utilizan los espacios públicos para una cómoda vida asalariada donde las prebendas son el pan de cada día, ¿entonces realmente aportan algo por más mínimo que sea a esta sociedad? Probablemente usted estará de acuerdo en que no, y lo peor aún es que por lo contrario no tienen idea de la hecatombe institucional que están provocando.

Me gustaría ser un poco más entusiasta al respecto, leer por las mañanas más noticias que inviten a creer en la tenacidad de algunos políticos que se han apartado del oficialismo, que han reconocido su error y que afrontarán los retos, pero lamentablemente cada día en las vicisitudes de nuestra sociedad vamos más a paso de cangrejo.

Nuestros llamados líderes de la sociedad nunca podrán resolver los problemas que ellos mismos han creado, si siguen pensando de la misma manera, aquí es necesario remarcar que, para llegar hasta este punto, con un gobierno peor que el anterior, hasta llegar a Mariano Gálvez, nosotros con enérgico acento hemos dado vida al ideal redentor que nos tiene tan jodidos como siempre.

Además de las reformas imprescindibles que tanto, organizaciones civiles y algunos empleados públicos que aún laboran con integridad han presentado, hace falta la unificación donde ni de izquierdas ni de derechas, ni un bloque oficialista antepongan el interés general de la sociedad a sus intereses partidistas, además de la actitud recta de las élites empresariales y financieras y sobre todo, la participación de cada ciudadano que conforma esta sociedad para involucrarse en el escrutinio de las actividades de nuestros gobernantes.

Con estas acciones no tendríamos por qué andar esperando en qué momento el presidente de Estados Unidos vendrá a ser otro de nuestro falso ideal redentor o mejor aún, no tendríamos por qué esperar irónicamente a un presidente como el de nuestro vecino país El Salvador.

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