Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros

 

Álvaro Arzú Escobar, diputado unionista. Fotografía de Fernando Chuy

Mientras miraba la película El Tigre Blanco del cineasta iraní-estadounidense Ramin Bahrani, me llamó mucho la atención una analogía del protagonista que nos conduciría de una forma tan visceral a la intención de la película, Balram Halwai el narrador describe por medio de metáforas la situación moderna y las viejas tradiciones inherentes en la India, por ejemplo, según Balram, India alguna vez tuvo miles de castas. Ahora en cambio, solo existen dos: los de barriga grande y los de barriga pequeña, haciendo una afirmación que es aplicable de manera universal, también hace una metáfora de las gallinas enjauladas, que pueden ver como son destazadas, pueden oler la sangre, pero no hacen nada para liberarse, solo esperan pacientes su turno a ser degolladas, son como un rebaño. Esta parte me hizo recordar aquel libro que hace mucho tiempo leí “La Rebelión de la granja” de George Orwell. Los que ya lo leyeron me darán la razón al decir que es la más lúcida fábula con referencias sociales sustanciales implícitas que vemos a lo largo de la historia a nivel mundial. Sin ser solo una alegórica historia que podría caer en infantilismo, esta obra nos socava según comprendemos a cierto grado de madurez, la realidad que nos rodea.

No recuerdo bien la edad que tenía al leerlo por primera vez, pero estoy seguro que disfruté la narrativa ficticia del libro y caí como muchos en la simplicidad de acariciar la supremacía del hombre sintiendo pena por todos esos ignorantes animales que eran manipulados de una manera tan tonta.

Orwell describe una granja en donde el propietario, el señor Jones, ha descuidado los cultivos, a los propios animales y la producción de toda la granja a causa del alcoholismo, desde esta primera parte nos encontramos inmersos en las símiles de los diferentes animales con los seres humanos, y vemos esas características que no faltan en cualquier colectivo o ideal político. El cerdo, el más longevo de los animales, sabio e inteligente les relata un sueño, sobre un futuro donde los animales no estén bajo la tiranía del hombre, haciendo énfasis en que él es “la única criatura que consume sin producir”.

El sabio cerdo muere sin lograr ver la revolución que tanto añoró, los animales viven una revolución, salen victoriosos de una contrarrevolución y luego de algún tiempo los cerdos jóvenes convierten esa falsa idea de socialismo en tiranía dónde esclavizan a sus hermanos y les recuerdan que era peor estar bajo el régimen humano.

El diputado Manuel Rivera del bloque Victoria. Fotografía de Fernando Chuy

Aun estando en peores condiciones que las demás granjas de todo el condado, los animales vivían en una vaga idea de triunfo, gracias a la manipulación de la información y de las leyes que en consenso habían acordado los animales y de la cual los cerdos perversamente mantenían el poder.

Algunas reglas que cambian a su conveniencia son por ejemplo “Ningún animal dormirá en una cama” a “Ningún animal dormirá en una cama con sabanas”.  O “Todos los animales son iguales” a “Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros”, uno de los que más me llamó la atención fue la de “Ningún animal matará a otro animal” a “Ningún animal matará a otro animal sin motivo”. Napoleón, el cerdo corrupto y tirano, se acuerpaba de los perros que cuidó y entrenó para su defensa, irónicamente esto me llevo de regreso a la imagen de Jimmy Morales cuando se apresuró a declarar non grato al comisionado de la CICIG, Iván Velásquez, y detrás de él estaban sus ministros y los jefes de la policía y altos mandos del ejército.

Al final los animales que estaban fuera miraban cómo los cerdos bebían con los humanos y hacían negocios y luego veían a un cerdo y después a un hombre, a un hombre y después a un cerdo y de nuevo a un cerdo y después a un hombre, y ya no podían saber cuál era cuál”.

Al igual que la película “El tigre blanco”, donde la revolución de Balram fue matar a su amo para así liberarse del yugo y ser esa única criatura que nace en cada generación, hace una observación de manera contra contextual, solo hay dos maneras de dejar atrás la pobreza con la que naciste: la política y el crimen. Poniendo de trasfondo el tipo de socialismo indio representado por la corrupta política que salió del mismo lugar que Balram.

La corrupción ha tomado dimensiones inimaginables en nuestro país ante la falta de democracia y transparencia, y es un cáncer que se extiende en todas las áreas. Nunca ha sido castigada y es impensable para muchos que sea controlada, y lo poco que sabemos de las operaciones corruptas y el efecto que produce toda la criminalidad, es gracias a las investigaciones periodísticas de la prensa independiente, y el respaldo de expertos que están en contra de estas calumnias a la patria, ya que como en la rebelión de la granja, las leyes y la información están siendo manipuladas.

Lo que el libro o la película nos dejan más allá de una perspectiva de socialismo fallido y obsoleto, es que los cambios pasan, y la pregunta que nosotros como ciudadanos nos debemos plantear es ¿qué tipo de actitud adoptaremos? ¿Seremos parte del rebaño? ¿Tendremos propuestas eficaces? ¿Dejaremos que nuevos tiranos nos gobiernen?

Porque lo que está claro, ya sea en ficción o en realidad, es que, si nos mantenemos en estado de desatención y sumisión ante nuestros opresores, estamos tranquilamente jodidos y aquí es cuando dejo de sentir pena por esos animales ignorantes de la fábula y comienzo a sentir pena por mí.

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