El país que queremos

Está claro que la mayoría queremos cambiar las realidades que se viven en nuestro querido país, GUATEMALA. Es más, estamos convencidos que los cambios que pedimos no son imposibles de alcanzar. Al contrario, son muy factibles pero, está claro también, que existe un pequeño grupo que obstaculiza e impide que se den esos cambios. Sus razones son diversas pero en el fondo, mezquinas todas.

Fotografía de Fernando Chuy

Entonces, permitámonos un momento pensar sobre ese PAÍS QUE QUEREMOS. ¿Cómo es la sociedad en la que quiero vivir? ¿Cómo es el Estado que necesitamos para lograr esa sociedad? O ¿Será que primero definimos “esa” sociedad para luego discutir sobre el estado? Aquí algunas ideas para la reflexión…

Este primer ejercicio puede servir para clarificar lo que ya no queremos, además de empezar con algunas ideas de lo que sí anhelamos. YA NO queremos funcionarios públicos corruptos. Esto empieza, por supuesto, por los funcionarios electos pero incluye también a todo funcionario, tecnócrata o empleado de las instituciones públicas. Ellos también son ciudadanos y deben ser parte de la solución.

YA NO queremos que se sigan haciendo negocios con el presupuesto del Estado y menos que éstos se hagan de una forma fraudulenta. QUEREMOS que el dinero de los impuestos se invierta en la gente, en su dignidad y en su beneficio. QUEREMOS que el presupuesto se invierta en la infraestructura necesaria para promover el desarrollo de toda la población, con una visión más humana y más integral.

QUEREMOS vivir en una democracia con más participación ciudadana, y en la cual el Estado (central y local) nos consulte sobre los proyectos futuros, sobre las inversiones y sobre las decisiones, antes de que éstas sean definitivas, especialmente porque los efectos de las malas decisiones las pagamos nosotros.

Queremos una sociedad en la que prive un estado de derecho, basado en leyes emitidas en beneficio general y que las mismas promuevan la igualdad y equidad sin distingos de edad, raza, género o clase social.

Una nueva sociedad y un país diferente no solo es posible sino es necesario y urgente. Estamos claros de lo que no queremos y estamos claros qué debemos hacer para lograr construir esa sociedad que anhelamos. Debemos mantener esa unidad de propósito, la lucha contra la corrupción y los corruptos (del sector público y privado) que obstaculizan nuestros esfuerzos de cambio, por defender sus intereses sectoriales y personales.

Este respiro de fin de año es para nosotros los ciudadanos (as), para recuperar fuerzas, para reagruparnos y para seguir luchando por ese ideal de vivir en un país en el que prevalezca el bien común.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.