Giammattei enamorado de sus errores y la OEA

Alejandro Giammattei generó en el país una crisis política, por sus actuaciones autoritarias, erráticas, corruptas y políticas antidemocráticas. Todo ello se le ha revertido y los más importantes indicadores son las demandas sociales, el descontento generalizado, el distanciamiento frente a la población y las acciones de la oposición política, a lo que se ha sumado la represión como respuesta gubernamental y la fiscalización de la comunidad internacional.

El mandatario ha permanecido lejos de la prensa en días recientes.

El detonador de la existencia de una crisis, no solo fue la aprobación del oscuro presupuesto, se trató de múltiples causas que se sucedieron durante diez meses, una tras otra. Pero lo más importante consiste en la cooptación del Estado, por un proyecto que cada vez más se parece a una dictadura, y la destrucción de lo poco que quedaba de la Agenda de la Paz.

El gobierno ha sobredimensionado los efectos políticos de las demandas, como si se produjera una alteración del orden constitucional, que afectara gravemente el orden democrático, o que se estuviera fraguando una conspiración para un Golpe de Estado. Con un total desconocimiento de la política internacional, y de manera apresurada, invocó a la aplicación de la Carta Democrática Interamericana. La presencia de la Organización de los Estados Americanos, OEA, tampoco lo amerita, porque ésta puede intervenir a petición de un Estado, cuando hay una crisis democrática y no existe otra solución.  La OEA, envió una delegación para hacer una evaluación que indique, si realmente el orden democrático ha sido seriamente alterado y si la democracia está en riesgo. Para ello, se ha reunido con diferentes sectores sociales y políticos, que le permitan medir tales extremos, pero todo parece que el gobierno quedará en deuda, siempre y cuando la OEA no actúe de su cómplice.

Varios sectores, bancadas del Congreso y organizaciones sociales, declinaron participar en las reuniones con la OEA, y también en el diálogo convocado por el gobierno, considerando una manipulación ilegítima.  Tampoco la OEA, es el organismo idóneo para tratar los asuntos políticos guatemaltecos, por sus antecedentes, favoreciendo las aventuras políticas de los Estados Unidos en América Latina. Observadores de la OEA, en las elecciones de Bolivia de 2019, cuestionaron los resultados en 86 centros de votación, porque el MAS había obtenido un 91% de los sufragios. Ello fue considerado ilegal y uno de los argumentos para señalar fraude.

En las recientes elecciones, el resultado en esas mismas mesas fue superior, con un 97%, considerando que los resultados del 2019 fueron correctos y que no hubo fraude. Se debe reconocer el arrollador triunfo del MAS, y que el golpe orquestado desde Washington, fue para impedir su triunfo. Ello apoyado por el silencio de los gobiernos derechistas en América Latina y la complicidad de los organismos internacionales. Los observadores de la OEA dejaron de garantizar que las elecciones se dieran de manera limpia, como indica su mandato, y en cambio cuestionaron la tendencia política de los electores, para lo cual no tiene ninguna potestad.  Esto se considera una violación de la propia OEA, a los principios de la convivencia internacional, como la libre determinación de los pueblos y no inmiscuirse en los asuntos internos de un país, lo cual viola la soberanía de Bolivia, la democracia alcanzada y todo el Derecho Internacional.

Cada vez crece más el cuestionamiento a su Secretario General, Luis Almagro, por su participación en el golpe de estado en Bolivia. La CELAG, en una carta a los ministros de relaciones exteriores de los estados miembros de la OEA, por esa situación, pidió la remoción de Almagro.  México y el Grupo de Puebla también han planteado la necesidad de su renuncia. Ese organismo se mantiene como un instrumento del imperialismo, los ejemplos de su participación en los ataques, bloqueos y la desestabilización contra las economías de Cuba, Nicaragua, Ecuador y Venezuela lo confirma. La OEA, fue el instrumento utilizado por EE. UU. en 1954, para legalizar la intervención mercenaria de la CIA, en Guatemala, infamia histórica que se le olvidó a Giammattei.

La OEA queda deslegitimada como institución de la integración latinoamericana, si de por medio, se encuentra imponiendo la supremacía a los intereses del imperialismo norteamericano.

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