El deslucido faro de la democracia

Trump, el primero en 240 años que se niega a abandonar la Casa Blanca

Lo que está pasando hoy en el Imperio, supuesto inspirador de valores como la libertad, democracia y justicia, nos produce un sentimiento de que hemos estado viendo hacia el horizonte equivocado.

Nos produce risa y pena al mostrarnos el espectáculo de un circo protagonizado por actores mediocres y un público esencialmente sin noción alguna, mas allá de sus emociones, que aplaude o critica un sistema que se cae en pedazos.

Para Guatemala representa un acontecimiento tanto o más importante que la propia elección de nuestras autoridades. Los de un extremo ideológico ven la reelección de Trump como la forma más segura de frenar el supuesto avance de la “izquierda” y la perpetuación del statu quo; los del otro lado ven la elección de Biden como la posibilidad de avanzar en las reformas progresistas abandonadas desde el desgobierno de Morales.

Tal nivel de interés y pasión en asuntos que no nos atañen directamente es la respuesta de ser un “patio trasero”. Como se dice: “si a EE. UU. le da tos, a nosotros nos da neumonía”. Hoy podríamos decir COVID.

Deberíamos reconocer que la mayoría de los problemas que nos aquejan son propios, de nuestra propia creación y responsabilidad única. En lugar de estar como espectadores en una contienda donde no podemos ni participar ni incidir, lo que deberíamos de estar haciendo es trabajar unidos por resolver nuestros propios asuntos, ya que del “norte” nada nos caerá y creer que Trump o Biden son una bendición o maldición, no es más que una mala forma de rehuir a nuestras responsabilidades que nadie más asumirá por nosotros.

Estas elecciones presidenciales han puesto al desnudo la crisis profunda que atraviesa el imperio y su imposibilidad de querer o poder resolver las grandes contradicciones que atraviesa el mundo, como la insostenibilidad del modelo económico dominante, la sobreexplotación de los recursos naturales y energéticos, el calentamiento global y la carrera armamentista, además de atribuirse el papel de gendarme del mundo.

Ahora es Trump contra el sistema, contra las instituciones y contra todos, así como fue su presidencia. Y es de hacer notar el silencio sepulcral de su propio partido, los republicanos como entidad no han pronunciado una sola frase de apoyo a su presidente. ¿Tiene esto alguna especial significancia?  Sin decir nada que el ex presidente Bush ya dio por terminado el proceso y reconoció a Biden como presidente.

Solo una vez en los últimos 40 años se le ha negado a un presidente un segundo periodo. Trump perdió el voto popular y de no ser por el sistema del “colegio electoral” hubiera sufrido una aplastante derrota de ser valorado dicho voto popular como se hace en el resto del mundo.

Sin embargo, la inesperada cercanía de la votación también significa que el populismo seguirá vivo en los EEUU. Quedó claro que la victoria de Trump en 2016 no fue una aberración sino el comienzo de un profundo cambio ideológico en su partido.

¿Qué significa esto para los Estados Unidos y el mundo?

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