No caigamos en la trampa

Es muy común encontrarnos repitiendo que: las cosas no van a cambiar; que, en Guatemala, la corrupción nunca terminará o incluso que el sistema así es…, pero eso es exactamente lo que quieren que pensemos, digamos, repitamos e interioricemos, porque así nos mantienen inmóviles y convencidos de que las cosas no se pueden cambiar.

Fotografía de Oliver de Ros

¿Se han dado cuenta que pareciera que el país se mantiene en crisis? seguramente sí. Lo que no hemos percibido es que la mayoría de esas “crisis” son orquestadas, pensadas y elaboradas por un pequeño grupo que quiere mantener su poder inalterado.

No es casualidad que cuando se quiere hablar de reforma fiscal, hubiera golpes de Estado o todavía hay crisis del transporte, por ejemplo. Hace algunos años, se sacaron a luz casos de corrupción que involucraban al sector público y privado al más alto nivel e inmediatamente se inició la supuesta “guerra ideológica” entre izquierdas y derechas y lograron dividir a la clase media que estaba indignada por esa corrupción desmedida. Todo bien orquestado para que las cosas sigan igual. Incluso, nos hacen creer que no podemos ni siquiera salvar un bosque en medio de la ciudad, porque está en propiedad privada y no hay nada que se pueda hacer. Mucho podemos y debemos hacer.

También dicen que “la democracia está en crisis” y esto es muy peligroso porque la otra opción sería una dictadura que es exactamente lo que quieren esos sectores que siempre se han beneficiado de dicho sistema. Lo que sucede es que la gente quiere cambios y está exigiendo mejoras en la forma de elegir a los funcionarios. Quienes están controlando el sistema, se niegan a abrir los espacios porque eso significaría perder su poder y los negocios que vienen con éste. Al decir que hay crisis, se asusta a las personas, quienes prefieren ya no hacer nada.

Es por ello que no debemos caer en la trampa. Quienes ostentan el poder, sea públicamente o tras bambalinas, quieren que perdamos la esperanza. Ellos necesitan que la ciudadanía se mantenga ocupada y que no participe. Ellos necesitan mantenernos asustados y separados para ellos seguir controlando el país. ¿Cómo unos cuantos pueden controlar a millones de ciudadanos indignados?

La unidad de ideales, de principios y de objetivos es la única opción.   Es necesaria la organización social y cívica. Es fundamental denunciar, sea en las redes sociales o en el Ministerio Público. Es necesario fiscalizar y exigir la rendición de cuentas. Es además un deber ciudadano constitucional.

La fe, el ánimo y nuestra convicción de que, sí es posible una sociedad diferente, debe ser nuestra inspiración.

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