Ahogándonos en estiércol y similares

Parece no tener fin la capacidad de nuestra clase política para enredar las cosas. Hay que preguntarse ¿por qué y para qué tanto enredo? Los perdedores somos los ciudadanos que ya sin esperanza no podemos ni voltear a ver a la autoridad por la desconfianza que serán ellos los que nos extorsionarán.

Salió a luz que la misma policía extorsionaba a los pequeños negocios de la zona uno durante el toque de queda. Si así es la representación de la fuerza pública, ¿Qué podemos esperar de quienes la dirigen? Se cambió un reglamento para que un bachiller pudiera tomar el puesto de un profesional universitario en el ministerio de Gobernación…

Nuestra categoría de estado fallido, narcoestado, narco cleptocracia y demás adjetivos se quedarán cortos.

Todo tipo de maniobras y ni una con señal positiva. Desde el abuso del presupuesto, pasando por su baja ejecución, que además es poco transparente; siguiendo con la negativa del Congreso a elegir cortes, y ahora el colmo, los mismos miembros de la Corte de Constitucionalidad no quieren integrarse al pleno si no se declara la vacancia del magistrado enfermo.

Ni mencionar la reaparición del eterno líder magisterial y el misterioso aumento al presupuesto del ministerio de Educación. 18 mil millones de quetzales para graduar por decreto a los estudiantes, es decir, a los pocos que quedaron dentro del sistema después del anuncio de la deserción masiva de este año; a pesar de los 14 millones de la “galleta” comprada a la fuerza, dizque para los estudiantes ¿de las escuelas cerradas? Por favor….

Ni atisbo de esperanza, sólo malas noticias. El presidente anuncia una segunda ola de contagios. Hay que revisar las estadísticas del ministerio de Salud y de la COPRECOVID para darse cuenta de semejante mentira. Los datos son contundentes: ni señas de una segunda ola. ¡Cuidado! Nos puede suceder como en el cuento de Pedro y el lobo: gritar mintiendo “allí viene el lobo”, y cuando de verdad sí llegó, se los comió.

Y ahora: ¿Quién podrá defendernos?

El Chapulín Colorado, vestido de Tío Sam en quien siempre se ha confiado en última instancia, ahora parece que se volvió ciego inmerso en una cuasi guerra civil dentro de sus propias fronteras. Ni ganas de voltear a ver a su patio trasero.

La pandemia complicó la situación y un alto porcentaje de las clases medias está cayendo en la pobreza. ¿O sea? Más pobres y más pobres educados. Todo con un simple resultado: más migración. Justo y exacto lo que el Tío Sam no quiere.

Lo que viene es más deportados; si ganan los demócratas será con sonrisas y si se reelige Mr. Trump, será con insultos. Más remesas y más dinero del crimen organizado moviendo una economía moribunda. ¿Y nuestros jóvenes? ¡Pues aprendan inglés muchá!

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