La miseria que se nos viene encima

Ahora que después de una reunión a última hora se levantan las restricciones o al menos esas que ya no soportaba cierto grupo de empresarios, nos deja un incomprensible estado de impasibilidad, amalgamado con esa incertidumbre y falso entusiasmo de ojalá y todo vaya mejor.

Fotografía de El Colmo

El legado que de ahora en adelante debemos de cargar es aún más grande que el que teníamos antes de la llegada del virus, (hablando del covid-19, no el otro virus de la corrupción que viene desde tiempos inmemoriales), por el cual, como no habíamos vivido algo parecido, es probable que solo sean las consecuencias en el futuro las que nos permitan comprender las malas decisiones gubernamentales de ahora, la inacción de las instituciones correspondientes y el silencio infructuoso de la mayoría de la población.

En ese sinsentido de inacción es probable que los insaciables que se hartan de las arcas del poder, utilicen toda la regresión y decadencia para excusarse de sus malas acciones y cómo podemos llamar al Estado que pueda imaginar que la necesidad de sus ciudadanos les dé el derecho para aprovecharse vilmente de la situación y cómo hay una sociedad que pueda ignorarlo y soportarlo.

Voy a citar un ejemplo claro, el Fondo de Desarrollo Social (FODES), decide comprar horas antes de que se levante el Estado de Calamidad, 11 millones de galletas disque nutritivas para repartir a donde caiga. Adjudicando la compra a la empresa que presenta la cotización más cara. Así como esta dependencia gubernamental, las Municipalidades, hospitales, ministerios y el Centro de Gobierno, han abusado de la crisis sanitaria para hacer negocios deshonestos a las claras.

Este tipo de aberraciones seguirá vigente solo si seguimos en tentativas fallidas de sublevación o simplemente al silencio moralista erróneo de la mayoría a todo acto represivo y por supuesto, el daño a la economía es inconmensurable, la seguridad en salud y alimentación de la población se vuelve una utopía, sumado a esto, la deuda y pobreza acrecentada, la concentración económica, la fuga de fondos públicos, las privatizaciones, son solo el principio de la miseria que se nos viene encima.

Hoy más que nunca es tiempo de aportar mejoras reales para nuestro pueblo, aportar nuestro grano de arena, salir de las interpretaciones erróneas para ingresar al espacio de las ideas renovadoras y la acción contundente, ese es el único desafío digno para cada guatemalteco que no puede ser pospuesto.

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