Mañana no puedo

Hoy se “celebra” el día del niño en Guatemala, un país que, a pesar de haber ratificado la Convención de los Derechos del Niño en 1990, apenas decretó en 2003 una ley que busca la protección integral de niños, niñas y adolescentes y, tardíamente, creó una política pública con la misma finalidad llena de vacíos y sin un sistema de monitoreo que pueda evaluar sus resultados, pues venció en 2015 sin pena ni gloria y menos que menos, evaluación.

Fotografía de Javier Herrera

Best Countries to Raise Kids, una encuesta global que busca determinar cuáles son los mejores países para criar a la niñez, posicionó a Guatemala como el puesto 71 de 73 encuestados, cosa que nos hace recordar aquel estudio de Save The Children que argumentó que el peor país para ser niño en Latinoamérica es, efectivamente, Guatemala. Cosa que no se duda ni por un momento cuando caemos en cuenta de que el mismo estudio apunta que, por lo menos, el 50% de niños y niñas guatemaltecas menores de 5 años tienen un retraso de crecimiento asociado a la desnutrición.

Hablamos de un país que no se encontraba preparado tecnológicamente para asumir una educación pública a distancia, un país en el que las municipalidades no son capaces de proveerles servicios básicos como el agua potable, que bien pudieran reducir los índices innecesarios de morbilidad y mortalidad por afecciones gastrointestinales prevenibles; un país que deja que los niños mueran frente a Centros de Salud por falta de atención, personal o insumos (según Ciprodeni en Guatemala hay 2.9 pediatras por cada 100,000 niños y niñas), un país cuyos diputados hace dos años perdieron la oportunidad de portarse decentes y dejar de obligar a niñas menores de 14 a parir hijos producto de una violación sexual, cometida muchas veces por quien se supone, debía protegerlas (se calcula que durante el presente año, 1,520 padres biológicos embarazaron a sus hijas y muy pocos han enfrentado a la justicia).

Fotografía de Engler García

Según Ciprodeni y otras fuentes no oficiales de información, durante la cuarentena las denuncias por maltrato infantil han disminuido en comparación a otros años, siendo que se han reportado 657 durante 2020, lamentablemente no es fruto de un mayor respeto a los derechos de la niñez y adolescencia sino producto del aislamiento que le impide a los chicos y chicas denunciar a sus agresores y exponiéndolos a un encierro con el verdugo.

En resumen, Guatemala no tiene la solvencia moral para “celebrar” el día de la niñez cuando el Estado no cumple con sus responsabilidades de garante, cuando perpetúa con sus políticas (y la ausencia de estas) la desigualdad económica y social de las familias, cuando sus acciones de atención a la niñez son insuficientes, ineficientes e ineficaces o meramente violentas, y las de prevención de problemáticas asociadas a la niñez y adolescencia son prácticamente inexistentes o tan ridículas como un grupo de adultos uniformados haciendo rap desde la superioridad moral.

Ya basta de reubicar a docentes y otros empleados públicos en lugar de someterlos a una investigación y proceso penal cuando son acusados de violentar a las niñas, niños y adolescentes, ya basta de responsabilizar a los papás y mamás cuando no existe educación integral en sexualidad ni tampoco condiciones justas para ganarse el sustento, ya basta de posponer los temas que les afectan a los chicos como si de una junta de ministros se tratara.

El respeto a la dignidad de los niños, niñas y adolescentes es un tema aún más urgente que la pandemia porque define el futuro del país y de las generaciones que lo habitarán y si con todo ese dinero, el gobierno no ha podido con ella, imagínese que pueden hacer las instituciones dedicadas a proteger el interés superior del niño con la miseria de presupuesto que se les asigna. Las piñatas y los dulces no sirven, exigimos el cumplimiento de los derechos de la niñez hoy, esperar para mañana es tarde y mañana la niñez, no puede.

Fotografía de Gorety Pérez

Una respuesta a “Mañana no puedo”

  1. Deberíamos felicitar a los padres que desde su pobreza o riqueza ( que son muy pocos) han apoyado con cariño y acciones acorde a sus capacidades a sus niños y niñas. Yo he vivido entre 12 comunidades mayas y muchas familias tratan a los niños y niñas muy mal. Son pocas las familias mayas que realizan auténticos procesos de apoyo incondicional a la infancia. Por ejemplo entre las católicas desde pequeñitos les hacen saborear la cerveza y el guaro.Les enseñan que el ladino es malo y roba niños…el problema no es del Estado. Tiene causales múltiples.

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