Fumando números y esfumando dinero

Ahora que el gobierno presentó el proyecto de presupuesto para 2021 y habiendo prácticamente pasado la pandemia, comienza a salir a luz la magnitud del problema económico en que estamos metidos.

Fotografía de Esteban Biba

Se solicitó tanto una ampliación presupuestaria como créditos sin precedente con la excusa de “enfrentar la pandemia” y, sin embargo, únicamente el 8% se utilizó en ello. ¿Y el resto del dinero? Esto nos pone frente a una situación donde debemos analizar cómo y en qué se gasta nuestro dinero el gobierno.

De la solicitud planteada al congreso surge la pregunta: ¿Cuánto del dinero que entra al gobierno sale a los bancos? Es espeluznante la respuesta. El mayor rubro del gasto es “obligaciones a cargo del tesoro”, pero ¿qué es esto? Simple: Es lo que hay que pagarles a los bancos de los prestamos antiguos que están venciendo. ¿Y cuánto es esto? Ni más ni menos que 33 mil millones de quetzales; Es decir, 1 de cada 3 quetzales que se pretende gastar el gobierno son para pagar deuda antigua. Es el mayor gasto del gobierno, dejando de lado la atención a la sociedad o la inversión social. Sí, es más importante pagarles a los bancos que atender los efectos de la pandemia o invertir en la sociedad.  Y a esto hay que sumarle la nada despreciable suma de 13 mil millones de quetzales en el rubro “servicio de la deuda pública”, es decir, los intereses de los préstamos que están vigentes.

Haciendo la suma de ambos rubros, resulta que el gobierno destina la mitad, sí, la mitad de todos sus ingresos en pagar prestamos e intereses. E invierte en la sociedad únicamente la mitad del presupuesto nacional. De nuevo, es más importante tener contentos a los bancos que al pueblo.

Y estos rubros no incluyen dos deudas muy importantes que también pagamos los guatemaltecos, siendo estas las deudas del IGSS y del Banco de Guatemala, otros dos rubros suficientes para darnos un infarto, que se mantienen ocultas dentro de las “cuentas nacionales”.

La conclusión es que Guatemala ya vive del fiado y debe tanto que nos tomaría cuatro años sin gastar ni un centavo para poder pagar esta deuda. Y cuando este indicador alcanza los dos años, el FMI nos pone en semáforo rojo. Y este es un hecho que no nos notifican. Ya estamos en ese punto y el eterno endeudamiento solo tiene una salida, la bancarrota del Estado. Y con esto la tan cacareada “estabilidad macroeconómica” y el “crecimiento sostenido” ya están en riesgo.

Para mientras los presupuestos de salud y educación siguen aumentando, a pesar de que los maestros no dieron clases este año y graduaron “por decreto” a esta cohorte. Y el de salud, aunque bien merecido tienen cualquier tipo de aumento, este no es perceptible frente a la población pues los servicios no mejoran y la atención a la pandemia sigue siendo raquítica.

¡Mientras mirábamos al virus los que manejan el dinero nos dejaron desnudos!

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