Derechos y voz de la niñez en cuarentena

Fotografía de Fernando Chuy

Con el objetivo de valorar y socializar los puntos de vista y opiniones de niñas, niños y adolescentes sobre cómo se están cumpliendo sus derechos, a partir de la identificación de las condiciones de vida y el acceso a los servicios básicos en cuarentena por el COVID-19, el programa de Atención, Movilización e Incidencia por la Niñez y Adolescencia, -PAMI- ha realizado una investigación que da voz a 92 chicos y chicas de 14 municipios del país.

Antes de conocer las situaciones de vida de las niñas, niños y adolescentes durante las medidas de prevención sanitaria, es necesario recordar que en el contexto de inversión en salud de niños, niñas y adolescentes, relacionada con la pandemia, poco o nada se sabe de la existencia de atención médica especializada para la niñez y adolescencia, y mucho menos se puede hablar de áreas pediátricas o sistemas de protección integral en los hospitales emergentes, pero sí es evidente el recorte a programas permanentes de salud destinados a atender las necesidades de esta población, tales como  el programa de prevención de la mortalidad de la niñez, los esfuerzos destinados a prevenir y erradicar la desnutrición crónica, el programa de vacunación y la prevención de la mortalidad materna y neonatal.

Nuestro país ha comprometido en deuda el 5% del producto interno bruto para hacer frente al COVID-19, entre otras cosas, para destinar fondos a 10 programas de beneficio económico que, según el Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (ICEFI) en la auditoría social presentada el 31 de julio del presente año, tienen una ejecución presupuestaria baja e imposible de rastrear en el Sistema de Contabilidad Integrada (SICOIN) y cuyas metas físicas no son identificables en el sistema de Gestión (SIGES).

Fotografía de Danilo Ramírez

El estudio realizado por PAMI evidencia que, de los 92 chicos encuestados, solamente 31 han sido beneficiados con el bono familia, lo que constituye un 32%; 5% con dotación alimentaria, 3% con subsidio de energía eléctrica y el mismo porcentaje con la suspensión de contrato, 2% con cajas “Juntos saldremos adelante”, y 1% ha sido beneficiado con el bono de salud y el fondo capital de trabajo. A 11 de los 92 chicos y chicas encuestadas no les ha llegado ningún tipo de ayuda gubernamental aun cuando el 71% se han visto afectados económicamente y el 53% de las familias ha perdido la principal fuente de ingresos.

De salud mental mejor ni hablar

El 58% de los encuestados se ve obligado a guardar cuarentena en una casa de dos ambientes y solo el 49% tiene acceso a un patio o área verde donde recrearse. Por ello, no es extraño ver que las emociones más frecuentes de los chicos y chicas durante estos últimos meses sean la tristeza, el miedo, ansiedad, angustia, desesperación, aburrimiento y enojo; sentimientos que mayormente comparten con la madre o sus hermanos, pero en 13 de los 92 casos, son sentimientos no conversados con nadie.

Sin embargo, el acceso a orientación y atención psicológica es un lujo que las familias que han perdido sus ingresos parcial o totalmente no pueden darse y el Estado, a través de un Ministerio de Salud y Asistencia Social que no le apuesta a incluir este tipo de atención en sus servicios comunitarios. Tampoco ha diseñado una respuesta que llegue a beneficiar a los chicos y chicas del interior del país.

Fotografía de Danilo Ramírez

¿Y la educación?

Solamente 73% de los niños, niñas y adolescentes encuestados están recibiendo clases, la mayoría por teléfono, a través de clases virtuales y de guías pedagógicas. Asumir este tipo de intervenciones en un contexto dónde solamente el 2% de los entrevistados cuenta con el servicio de internet en su vivienda, por lo que se entiende que el resto se conecta desde un celular inteligente a través de datos móviles, los cuales en nuestro contexto significan una conexión inestable y un gasto extra que convierte a la educación pública en un servicio que ha dejado de ser gratuito y que representa por supuesto, deserción escolar.

Además, 31 de los y las encuestadas, califican como regular la calidad de las clases impartidas debido a que hay poco interés docente, escaso seguimiento y nulas explicaciones sobre las tareas y mal material educativo, 28 la califican de deficiente pues ni siquiera están recibiendo asignaciones.

Dentro de este rubro se debe mencionar que solo el 53% está recibiendo alimentación escolar, un gasto ya definido dentro del presupuesto del Ministerio de Educación.

Por lo anterior, se concluye que este sector poblacional es uno de los más afectados por la pandemia y evidencia la importancia de invertir en proyectos y programas de atención psicosocial y la poca inversión que se está haciendo en este contexto (y fuera de este) al fortalecimiento institucional que es clave para responder a las necesidades educativas, salud física y mental y protección integral de la niñez y adolescencia guatemaltecas.

Leé el informe completo aquí.

 

Referencias

Programa de Atención, Movilización e Incidencia por la Niñez y Adolescencia. (2020). Mis Derechos y mi Voz en Cuarentena. Guatemala: PAMI.

 

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