Un golpe maestro en la región centroamericana

Fotografía de Fernando Chuy

Crecí en un ambiente donde la política inundaba cada rincón de la casa, brotaba de cada poro de la piel de la gente que la cohabitaba. Mi infancia discurrió entre charlas sobre golpes de Estado, cambios repentinos de gobierno, alianzas para mejorar el desarrollo del país, fuerzas militares, negociaciones que determinarían el curso y porvenir nacional, a veces con mal pronóstico y otras con buen presagio. Lo anterior me permite afirmar que, al igual que el hijo de un zapatero acaba aprendiendo el noble arte de hacer zapatos, en mi caso pude aprender el arte de entender de qué se trata la política.

De entre esas decisiones que hacían presagiar un buen desenlace para la región centroamericana en general y particularmente para Guatemala, estuvo crear el Sistema de Integración Centroamericano, más conocido por sus siglas SICA. Sin lugar a dudas suponía un golpe maestro.

Europa y Centroamérica fueron pioneros en articular estos sistemas regionales, creando auténticos bloques de poder económico y de presión para la negociación del contenido de las políticas internacionales, en un principio bilaterales y conforme avanzaba el tiempo mayor multilateralidad a medida que los organismos internacionales y otros entes proliferaban y eran reconocidos como sujetos de derecho integrantes de la sociedad internacional.

El SICA suponía adelantarse a los problemas económicos que en un futuro podría enfrentar la región, significaba fortalecer los mercados nacionales frente a presiones extranjeras y ser más competitivos en el comercio internacional. Sin embargo, la debilidad estructural de la institución, entre otros factores, hicieron que los Estados miembros no alcanzaran los objetivos que se perseguían con su constitución.

Los presidentes de aquella época fueron conscientes de los retos que enfrentaban tras dos Guerras Mundiales y un mundo que se debatía entre la bipolaridad surgida de la Guerra Fría y la unipolaridad. Pues bien, hoy nuevamente como ocurrió a mediados del siglo pasado enfrentamos una coyuntura mundial maltrecha por el COVID-19.

La demanda actual en Centroamérica es de políticos estrategas, que apuesten por fortalecer el proyecto de integración centroamericano, con el fin de que nuestros pequeños países puedan aspirar a conseguir esos objetivos que están en la génesis del SICA, e integrar organismos internacionales económicos, tan importantes como la OCDE, así como formar un bloque regional económico, como el que integran EE. UU., Canadá y México, o la Unión Europea, entre otros.

 

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