Los niños y niñas maltratados hoy son los adultos conflictivos de mañana

Una mujer acompañada de sus hijos solicita ayuda en la Autopista Palín-Escuintla. Fotografía de Danilo Ramírez

En estos días, uno de los fenómenos mediáticos más fuertes ha sido la viralización de un video donde se observa cómo un adolescente golpea a su hermana recién rescatada de un pozo, al cual había caído accidentalmente. Este hecho ha desatado un intenso debate en redes sociales entre los que defienden el hecho como una medida correctiva eficaz y los que satanizan el actuar del muchacho. Lo cierto es que el maltrato infantil tiene muchas aristas y muchas caras que no cuadran en la dicotomía de ser malo o ser bueno.

Vivimos en una sociedad que no solo naturaliza la violencia, sino que, hasta parece venerarla y provocar su reproducción; desde la violencia implícita en la vida cotidiana, hasta la descarada violencia de las clases poderosas que se apropian de los recursos destinados a garantizar el bienestar social de la niñez y adolescencia y de la población en general.

Esta realidad hace que sea particularmente difícil prevenir, identificar y abordar terapéuticamente el maltrato infantil, sobre todo por la equivocada y arcaica idea que se tiene de que los hijos son propiedad de los padres y de que, como afirmaba Aristóteles, nada de lo que se haga con la propiedad puede ser injusto.

Aunque el maltrato infantil ha existido desde los albores de la humanidad, el síndrome del niño maltratado ha sido identificado hace apenas unos cuarenta años. Primero por el médico Ambrosie Tardieu, quien identificó ciertas características físicas comunes en las autopsias realizadas a niños, niñas y adolescentes cuya muerte estuvo asociada a la violencia física. Sin embargo, Vincent Fontana lo amplió al incluir también la violencia emocional y la negligencia como formas de agredir a un niño, niña o adolescente.

 

¿Qué es el maltrato infantil?

Se considera maltrato infantil a la aplicación de la fuerza física intencional para causar lesiones a un niño, niña o adolescente cuando esta es ejercida por sus padres, cuidadores o parientes. Sin embargo, también se considera maltrato cuando la lesión física que se ha producido es causada por una omisión intencional de los tutores.

Por otro lado, el maltrato emocional consiste en responder de forma inapropiada a las emociones y la conducta que las acompaña, causando así dolor emocional que puede traducirse a miedo, humillación, ansiedad o depresión. Un ejemplo claro de eso es amenazar a un niño con pegarle cuando está llorando de miedo, o con ridiculizarlo cuando tiene un detalle afectuoso con alguien. Las consecuencias que esto provocará en la vida adulta es la inhibición de tener sentimientos positivos espontáneos y adecuados, limitando así la capacidad de regular y expresar emociones, lo cual tiene una fuerte incidencia en el desempeño social de las personas.

El maltrato psicológico, en cambio hace referencia a una conducta inapropiada, sostenida y repetitiva hacia el niño o niña (insultos, mentiras, decepciones, maltrato sexual, abuso religioso o negligencia) que daña o reduce el potencial cognitivo y creativo, así como sus procesos mentales elementales (inteligencia, atención, memoria, percepción e imaginación).

 En su conjunto, el maltrato infantil produce niños, adolescentes y adultos agresivos, destructivos, rebeldes, hiperactivos, apáticos, tímidos, miedosos, ansiosos, con sentimientos de culpabilidad y autodevaluación, además de hacerlos vulnerables a adicciones y otras conductas autolesivas y aumentando considerablemente las posibilidades de volver a ser víctimas o convertirse en victimarios.

Por esto, no es de extrañarse que Baten actúe de esa forma, lo más probable es que él, al igual que muchos adolescentes y adultos guatemaltecos, hayan crecido viviendo maltrato y cumplan a cabalidad con el perfil del agresor: baja autoestima, depresión, neurosis, con poca tolerancia a la frustración, impulsivos y, en algunos casos, dependientes a alguna droga legal o ilegal.

La violencia es un círculo vicioso que nos enferma como sociedad, lo cual se ejemplifica con aquella noticia del niño cuya madre le quemó las manos colocándoselas sobre el comal en el que torteaba, pero la nota no solo contaba eso, sino también hacia referencia a que el abuelo del niño, padre de la agresora, al enterarse del hecho forzó a la hija a quemarse las manos en el mismo comal. Es decir, no se puede sembrar olmos esperando cosechar peras.

Según (Ciprodeni, 2020), de enero a julio de este año, se han reportado 561 lesiones compatibles con maltrato infantil en el país, 200 de ellas cometidas contra niños y niñas menores de 10 años. Son datos alarmantes a pesar muy probable subregistro que existe debido a la naturalización de este tipo de agresiones y el hecho de realizarse en el ámbito privado, tomando en cuenta, además, las medidas de seguridad adoptadas en el contexto de la pandemia que han aislado a los pequeños y con ello, limita la posibilidad de que comenten o se evidencie el maltrato frente a personas ajenas al entorno violento.

Por ello, es conveniente recordar que el uso adecuado del poder que ostentan los cuidadores es clave para el desarrollo integral de la niñez y atender a las recomendaciones que hace la (Organización Mundial de la Salud, 2020) de invertir en acciones orientadas a prevenir el maltrato infantil, tales como ofrecer apoyo, formación e información a los padres y madres de familia para mejorar sus aptitudes para criar a los hijos, mejorar sus conocimientos sobre el desarrollo infantil y alentarlos a adoptar estrategias positivas en sus relaciones con los hijos, así como el reconocimiento precoz de los casos y la asistencia continua a las víctimas y sus familias.

Esto significa denunciar las políticas sociales, económicas, sanitarias y educativas que generan malas condiciones de vida, inestabilidad y desigualdades socioeconómicas, dejar de preguntarnos en dónde está el dinero y empezar a exigir que se invierta en fortalecer a instituciones como la Secretaría de Bienestar Social, la Procuraduría General de la Nación y los sistemas de salud y educación, con el fin de mejorar la condiciones de vida de la niñez y adolescencia, y así garantizar el desarrollo del país.

 

REFERENCIAS

Ciprodeni. (julio de 2020). ODN. Obtenido de Ciprodeni:

Muertes y lesiones por causas violentas contra Niñas, Niños y Adolescentes de Guatemala

Organización Mundial de la Salud. (8 de junio de 2020). Who.int. Obtenido de https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/child-maltreatment

Santana, R., Sánchez, R., & Herrera, E. (1998). El maltrato infantil: un problema mundial. Instituto Nacional de Salud Pública .

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