La tercera edad, ¿una generación desechable?

La tercera edad observa congelada su seclusión

Ahora resulta que un señor de 64 años con cuatro morbilidades distintas considera a su propia generación un estorbo, algo así como que mejor los dejamos encerrados para que no me roben cámara.

Efectivamente, el presidente un miembro de la tercera edad se cree superior a su propia fragilidad y confina arbitraria e inconstitucionalmente a sus pares.

Vea pues… Se le contagió lo del muchachito.

Sin embargo, eso no es lo peor. La actitud dócil y mansa de los que en Europa lideraron “la revolución de las canas”, acá en nuestro país vergüenza da. Montón de viejos asustados que no quieren volver a la vida, tal vez viendo sus “nietecitos” piensan vivir los próximos 20 años.

El decreto que da vida al estado de calamidad no contempla por ningún lado la suspensión del artículo 4 de la Constitución Política de la Republica.

 

¿Y qué dice ese articulito?

Define el derecho de igualdad, y ese no ha sido suspendido, por lo tanto, ninguna “disposición presidencial” puede contravenirlo. Si el presidente quiere que los mayores de 60 se queden en su casa, es su harta obligación también él cumplir la ley y no andar dando vueltas por toda Guate, el sí puede ¿y por qué los demás no? La ley es la ley, y también se aplica a él.

Fuera de críticas mi pregunta va para todos esos cientos de miles que “peinan canas” ¿de verdad se van a quedar sin hacer nada?

Pena y vergüenza ajena. Eso es lo que se siente al contemplar la inmovilidad de más de un millón de personas que componen en el país ese grupo. ¿Por qué y a qué tanto miedo? ¿Que se van a morir? Claro que nos vamos a morir todos, sin excepción alguna, sin embargo, mientras llega el momento vamos a dar la batalla, tal vez la más importante de nuestra vida, con el ejemplo para nuestros “nietecitos”, que a ellos se les infle el pecho de orgullo y digan: Mi abuelo murió de bravo y no de esclavo.

Ni que decir de lo empoderado de empleados de quinta categoría con semejante disposición. Ahora resulta que el representante del Estado es un empleado de supermercado o de centro comercial que no los deja entrar al establecimiento. ¿De cuándo acá la representación de la autoridad cayó tan bajo? Y pasmados y sin saber que hacer los “viejitos” le dicen que sí al empleado, se dan la vuelta y se van, en lugar de hacer valer sus derechos.

Las responsabilidades penales que esto implica, ahora que se reguló en la última ampliación del estado de calamidad la responsabilidad penal de los representantes legales de las empresas. ¿Cuándo empezaremos a ver denuncias y procesos por este tipo de discriminación? La responsabilidad de los funcionarios que han dictado estas disposiciones caducan en 20 años. ¿Alguien va a dar el primer paso?

 

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