“Las matemáticas no son para mí”

Fotografía de Danilo Ramírez

Dentro de la sociedad guatemalteca, es común escuchar en personas con algún grado de escolaridad, expresiones tales como esta: “las matemáticas no son para mi”, o “no nací para las matemáticas”, es más, se ha creado una suerte de estigmatización en contra de las matemáticas y en el imaginario social se le tiene como la asignatura más difícil de todas, por su complejidad.

Meses atrás, un canal de televisión abierta transmitía un programa “en vivo” de los denominados “reallity show”, en donde se verifican competencias entre los participantes.  Este programa cobró relevancia, cuando una de las concursantes cometió un error de cálculo matemático al intentar resolver una suma, convirténdose en motivo de burlas, mofas, memes en redes sociales, que incluso siguen vigentes en la actualidad.

Pero los errores no se cometen únicamente en las tareas escolares o en concursos como el mencionado.  Por varios años estuvimos esperando que se levantara un nuevo Censo Nacional de Población, ya que desde hacía mucho no se contaba con uno, lo cual no permitía tomar decisiones políticas importantes para el desarrollo del país.  Finalmente, durante el gobierno del presidente Jimmy Morales se lleva a cabo y sus resultados, después de una prolongada e innecesaria espera, se dieron a conocer.  Para sorpresa de muchos, la población lejos de haber crecido, se había contraído hasta 14 millones y un poco más de habitantes.  Al preguntar a las autoridades competentes la razón de la reducción, se argumentó que se debía a las migraciones.

Antes del levantamiento de la información censal, las proyecciones empleadas hacían alusión a un aproximado de 17 millones, otras opiniones se aventuraban a aproximarse hasta los 18 millones de habitantes.

¿Por qué es importante contar con datos confiables y fidedignos?

En distintos momentos hemos expresado que el dato duro (los números) sirve para tomar las mejores decisiones en política pública, sobre ello se construye el proyecto de presupuesto del Estado, determinar la cantidad de recursos necesarios para atender a una población determinada, de lo contrario es como intentar caminar en medio de la obscuridad de la noche sin ayuda alguna, tratando de adivinar en dónde está el camino.

Fotografía de Simone Dalmasso

Esto mismo está sucediendo en medio de la pandemia COVID-19.  Desde un inicio no se ha tenido acceso a información fidedigna, confiable, sobre la cual se puedan estar tomando las mejores decisiones en materia de salud pública, tanto para el abordaje de la crisis, como para el diseño de una estrategia que permitiera reducir la expansión del contagio.

Conforme el número de contagios fue creciendo, con ellos las demandas del Equipo Sanitario conformado por médicos, enfermeras, paramédicos y otros también crecieron, demandando mejores equipos de protección, más personal y recursos a su disposición.  Su permanente solicitud se canalizó por distintos medios, enumerando claramente, qué tipo de materiales e insumos necesitaban de manera urgente.

El gobierno no tardó en dar una respuesta, desmintiendo el desabastecimiento al que hacían referencia los médicos que estaban atendiendo la crisis sanitaria. Un mensaje del presidente de la República Alejandro Giammattei, por medio de la televisión, presentó el estado de los recursos materiales disponibles y los que estarían por adquirir, para lo cual se auxilió de una presentación en donde aparecían la descripción de los mismos.  Recién concluía la transmisión cuando ya se hacían circular imágenes señalando los errores de sumatoria presidencial. No había congruencia entre lo dicho y lo presentado.  Horas después, fuentes oficiales expresaron que se trató de un “error técnico”, por eso daba error en el resultado.

Qué decir con los resultados del monitoreo del impacto de la pandemia, el número de casos positivos, casos recuperados, en cuarentena y fallecidos no han sido los más confiables.

Aunque solíamos tener todos los días, datos oficiales, no necesariamente se trataban de datos reales.  Y no se trata de falta de capacidad, porque incluso en el mal manejo del dato o su mal intencionada presentación, hay un propósito de por medio.

Entre las pruebas aplicadas y resultados obtenidos no ha habido congruencia. Por otro lado, algo que sucedió al inicio y ahora se repite, es de lógica matemática, a menos exámenes hechos, menos casos identificados.  El gobierno se ha resistido a hacer pruebas masivas, que permitan confirmar o descartar casos de contagio.

Con relación al impacto de COVID-19 en la Niñez y Adolescencia, presentamos tres datos referenciales:

Fuente: Observatorio de los Derechos de la Niñez -ODN-, CIPRODENI, sobre la base de datos del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social -MSPAS-.

El intervalo de tiempo que corre entre la segunda y tercera fecha, corresponde al momento en que el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social -MSPAS- implementa el Tablero COVID-19, que desde un inicio registra errores.

Fueron 22 días en que CIPRODENI deja de hacer el monitoreo y al retomarlo, 931 nuevos casos se reportan como positivos, pero también un importante incremento de 15 NNA fallecidos más.

Fotografía de Danilo Ramírez

Al tener de nuevo acceso a la base de datos del MSPAS, nos comenzamos a dar cuenta de las inconsistencias del mismo, datos que habían sido registrados con anterioridad ahora ya no están, o cambian de un día para otro.  Esto no solo crea confusión sino no permite hacer una correcta auditoría social sobre el manejo de la pandemia y el comportamiento de la misma.

Qué decir del momento en que el propio MPSAS da a conocer de un día para otro, el hecho que no se habían contado tres mil casos más de personas positivas, ¡¡¡pero también 18 mil recuperados!!!! Con lo cual las cantidades comparadas entre contagios y recuperados, los segundos se podían equiparar y con ello sentar las bases para una pronta reapertura a las actividades cotidianas, que tanto Gobierno como sector empresarial estaban esperando con ansias.

Esta falta de certeza pone en duda también, los criterios con los cuales se ha construído el semáforo epidemiológico del país, en la búsqueda del retorno a la “nueva normalidad”.

Recientemente, el MSPAS, en su cuenta de Twitter reportó, que, del 27 de julio al 8 de agosto, habrían realizado 20,898 verificaciones en el cumplimiento de las alertas sanitarias. Ello implicarían 1,600 supervisones diarias, que es lo mismo a 200 por hora, lo que resulta sumamente difícil de hacer, menos de creer.

Por su parte el Dr. Edwin Asturias, quien preside la Comisión Presidencial contra COVID-19 -COPRECOVID-, también en su cuenta de Twitter publicó “La matemática es la lógica de la certidumbre. La estadística, la lógica de la incertidumbre…” El punto fundamental que deseamos traer a la reflexión gira en lo que anunciamos desde un inicio, sin la certeza numérica, no se pueden tomar las mejores decisiones, políticamente intencionadas.

De esa cuenta, las matemáticas, así como la estadística, se convierten en ciencias por demás necesarias, tanto como la medicina misma.  Acá deben ser complementarias, no se puede dejar al cálculo ni la vana sentencia de “las matemáticas no son para mí”, o “yo mejor le huyo a las matemáticas”.

Aquí no hay tiempo que perder, cada día que pasa, cada momento que corre, es una vida que se pone en peligro.

Fundamentamos en todo lo anterior, que Guatemala no necesita volver a la “nueva normalidad”, de lo que estamos urgidos es de formar una “Nueva Humanidad”.

P.d. Sobre el destino de los recursos millonarios para abordar la pandemia, tanto los públicos, préstamos y donaciones, nos ocuparemos en un nuevo espacio.

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