El realismo mágico se inventó en Guatemala

La situación actual es muy seria, estamos en el punto donde el Titanic se parte en dos, donde vamos perdiendo tres a cero y nos expulsan al portero, donde el presidente con la misma alevosía de Pilato, se lavó las manos y dijo: el país no puede detenerse.

Fotografía de Simone Dalmasso

Aunque no se quiera ver de una manera pesimista, eso significa masacrar conscientemente a un enorme número de personas, o sacrificarlos más bien; no es que exista una fórmula para que nadie muera en esta pandemia, pero se sabe que los lineamientos son: tener una baja significativa en el número de casos reportados antes de reabrir o disminuir de forma drástica las restricciones, después ir avanzando gradualmente a las siguientes fases, con una observancia estricta y estando totalmente seguros de que se cuenta con la capacidad para identificar, aislar y realizar rastreos inmediatos de contagios.

Por supuesto, no es solo de abrir así a lo bruto todo, sin una planificación muy bien estructurada, claro que se pueden salvar vidas y al mismo tiempo proteger la economía de efectos devastadores a futuro.

Ahora bien, ya estamos en la etapa de reapertura, con desazón, inquietud, temor y esperanza de que no haya un rebrote de contagios, para que todo lo que soportamos los meses anteriores haya valido la pena.

Tomando como referencia los primeros días de esta muy malintencionada decisión, ha servido de alivio (alivio temporal) para muchos vendedores y trabajadores del ámbito informal, pastores, buseros etc. Pero también para martirio de los que están en primera línea que de seguro les cayó la noticia como balde de agua fría, a los que no se les concede una reunión virtual, mucho menos insumos y suministros, sumado a eso, la inoperancia e incapacidad del gobierno, los estragos que han acostumbrado gobiernos anteriores; dejándonos con un sistema económico y sanitario raquítico.

Es intrigante saber que el premio Nobel guatemalteco, Miguel Ángel Asturias, allá por los años veinte protestaba contra la misma injustica social, dejando plasmado en “El Señor Presidente”, el cual leí hace varios años con una inocencia de pensar que esa era la parte mágica, que el realismo no era tan crudo, indigno y despiadado.

 

Fragmento de “El Señor Presidente”

El secretario del Presidente oía al doctor Barreño. (Doctores de primera línea)

 – Yo le diré, señor secretario, que tengo diez años de ir diariamente (a los hospitales) a un cuartel como cirujano militar. Yo le diré que he sido víctima de un atropello incalificable (no me han pagado desde que inició la pandemia) que he sido arrestado, arresto que se debió a… yo le diré, lo siguiente: en el hospital militar se presentó una enfermedad extraña (covid-19); día a día morían diez y doce individuos por la mañana, tarde y por la noche. Yo le diré que el jefe de sanidad militar me comisionó (y nos dijo que no iba a proveer de lo que necesitáramos) para que en compañía de otros colegas pasáramos a estudiar el caso e informáramos a qué se debía la muerte de individuos que la víspera entraban al hospital buenos o casi buenos.(y salían muertos) Yo le diré que después de cinco autopsias logré establecer que esos infelices morían (por falta de insumos) de una perforación en el estómago del tamaño de un real, producida por un agente (llamado corrupción) extraño que yo desconocía y que resultó ser (la adquisición ilícita de medicamentos) el sulfato de soda comprado en las fábricas de agua gaseosa y de mala calidad por consiguiente. Yo le diré que por robarse algunos pesos (un par de millardos), el jefe de sanidad militar (los viceministros de salud, ministros, diputercos, etc.) sacrificó ciento cuarenta hombres (o masacró conscientemente) y los que seguirán (ya van casi 2,000 fallecidos solo de covid-19).

El secretario acompañó al doctor barreño unos pasos.

El Presidente de la República lo recibió en pie, la cabeza levantada, un brazo suelto naturalmente y el otro (sosteniendo una extensión de aluminio) a la espalda (se quitó la mascarilla) y, sin darle tiempo a que lo saludara, le cantó:

Yo le diré, don Luis, ¡y eso sí! que no estoy dispuesto a que por chismes de mediquetes (o periodiquetes independientes) se menoscabe el crédito de mi gobierno en lo más mínimo, (muy tarde ya casi nadie le cree) ¡Deberían saberlo mis enemigos (magistrados de la CC y PDH) para no descuidarse, porque a la primera, (hago una reunión en la finca Santo Tomás) les boto la cabeza! ¡Retírese! ¡Salga! (y que mañana se abra todo en el país).


¿Ahora, entienden por qué digo que el realismo mágico se inventó en Guatemala?

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