Aprende a decir ¡No!

TRANSFORMAR EL VENENO EN REMEDIO

Fotografía de Fernando Chuy

El respeto es la actitud que favorece las relaciones interpersonales mutuamente adecuadas, satisfactorias y armoniosas. Respetar es tener en cuenta las diferencias que se presentan entre el otro y yo: sus costumbres, sus ideas, sus formas de actuar, sus creencias y sus prácticas sociales y culturales. Si se establece una relación sin tener este tipo de respeto, entonces la relación es de superior a inferior, de conocedor a desconocedor, de poseedor de la verdad a ignorante, de adinerado a desposeído, de sabio a idiota. Para que haya respeto mutuo, primero debe haber respeto hacia sí mismo, ya Dostoyevski nos lo recuerda potentemente: Si quieres que otros te respeten, lo mejor es respetarte a ti mismo.  Sólo así obligarás a otros a respetarte. 1

 

Respetarse para ser auténtico

Muchas veces, las circunstancias de vida, empujan al ser humano a renunciar, a devaluar o a ceder en lo que lo hace único: su sistema de valores, creencias y prácticas sociales y culturales que hacen de él un ser humano único, con capacidad de expresarse, de llenar con su voz, con su capacidad y con sus emociones los espacios comunitarios que le toca construir, reconstruir, reinventar y desarrollar. Tras una estrategia de adaptación inmisericorde a través de la educación formal, los medios de comunicación y el establecimiento de relaciones de poder egoísta y avasallador, muchos ciudadanos han sido empujados a las peores circunstancias de vida, han sido llevados al límite de lo que puede soportar un ser humano: hambre, dolor, miseria, lugares insalubres para vivir, y aún peor, sus mentes han sido atrapadas por estrategias psicológicas que se amparan en frases falsas, pero que al ser repetidas una y otra vez, han puesto bajo barrotes la capacidad de soñar, de planificar la realización de esos sueños y de reconocer que la realidad que viven es una pesadilla, frases como: “- Usted vive bien, está bonita su casa”; cuando éste ciudadano vive marginalmente, con calles de tierra, con techos de lámina, en medio de la nada. “- Pero qué bueno que le llega el agua dos veces a la semana”; cuando el ciudadano que vive esta realidad tiene que tener un tonel en la puerta del baño, cuando bañarse es un privilegio, cuando tiene que esperar esa llegada del agua toda la noche y sufrir esperando que por lo menos se llene un tonel.

La próxima vez que un servidor público o un candidato en potencia le diga eso, ¡despierte! y dígale ¡No! ¡Eso no es cierto! Usted no será un “maleducado” por decirle “no” al descaro, a la incompetencia y al robo de los recursos que debieron invertirse en su comunidad, en su barrio, para vivir bien, para contar con los recursos que se necesitan para vivir y no para sobrevivir.  Decídase a decir ¡No! Y cuando lo haga, algo grande, fuerte y poderoso despertará en usted: es el respeto a sí mismo.  Y tenga la seguridad que cuando usted diga ¡no! a las mentiras que le han venido diciendo, esos que le mintieron, esos que hasta este momento se han burlado de usted, le van a empezar a respetar.  Porque cuando uno se respeta a sí mismo, los demás empiezan a hacerlo también.

Respetar a los demás

Cuando usted sienta esa energía que surge por el respeto a sí mismo sentirá la responsabilidad de respetar a todas y a todos, a los miembros de su casa, a sus vecinos e incluso a los que un día mintieron, saquearon e hicieron fiesta con los recursos públicos.  Pero ese respeto debe ser mutuo.  Nadie tiene el derecho de venir a regalarle una playera de campaña, usted no necesita ese regalo, usted necesita que le escuchen, que  respondan a sus necesidades.  Nadie tiene el derecho de decirle que no hay fondos, que el dinero del gobierno no alcanza, usted debe decirles ¡No acepto esa respuesta!, que demuestren en dónde está el dinero, qué se ha realizado con él, se han cumplido los presupuestos, se han realizado las obras, qué calidad tienen esas obras.  Cuando usted dice ¡no! al servidor público que le miente, entonces surge el respeto mutuo.

Sus creencias y valores valen mucho

Cuando usted se alinea con sus valores y creencias, su autoestima crece y usted comprende que es un ciudadano valioso como cualquier otro ciudadano, que usted se merece las mejores condiciones de vida, que usted merece un buen trato.  Usted entonces comprende que cuando le dicen que en los últimos doce años el sistema hospitalario se dejó al abandono, que no se atendió, usted dirá ¡Momento! ¡Yo no lo elegí para darme excusas, yo quiero resultados!

Todo empieza por un sencillo pero poderoso ¡No! Atrévase a no decir “sí” por compromiso o porque es lo “políticamente” correcto. “La mente lo es todo. Te conviertes en lo que piensas”2, y si sigues pensando en aceptar las acostumbradas excusas, las mentiras que te han dicho por largos años, nada va a cambiar, pero si piensas diferente, si practicas y en el momento justo dices ¡no! ya no más de lo mismo, entonces te convertirás en lo que siempre has sido, pero que te han ocultado: el super ciudadano que Guatemala necesita.


(1) Dostoyevski, Fiódor. 2015. Crimen y Castigo.

(2) Buda.

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