No deberías morir por ser pobre

TRANSFORMAR EL VENENO EN REMEDIO

Fotografía de David Toro

La Organización Mundial de la Salud (OMS) nos afirma que “el derecho a la salud incluye el acceso oportuno, aceptable y asequible a servicios de atención de salud de calidad suficiente” y por supuesto nuestro país ha aceptado dicho precepto, aunque históricamente ha dado muestras de no cumplirlo y no tener la voluntad de hacerlo.  Ante la crisis por la pandemia de Covid-19, este menosprecio por la salud y la vida de las y los guatemaltecos de escasos recursos ha quedado en evidencia.  “La salud es la mayor posesión”1, pero al igual que todo aquello que se puede poseer, es muy escasa en manos de los desposeídos, aquellos que son privados de algo a lo que tienen derecho.

 

Basta un ejemplo…

Acudir a la atención de emergencias en los centros hospitalarios públicos o autónomos significa para los ciudadanos aceptar someterse a tratos humillantes, maleducados y prepotentes, hacer filas de hasta 200 personas que también requieren ser atendidos, filas que se hacen en la calle, mientras se soportan los malestares y síntomas que llevan a la consulta y ahora agravado con el temor de contagiarse del Covid-19.  Para llegar a hacer esa fila primero se debió trasladar desde su casa hasta el lugar de atención, la mayoría de ellos a pie o pagando el servicio de taxi o de Uber, porque en este momento no hay servicio público de transporte, y obviamente los servicios de ambulancia de los propios hospitales o de los bomberos, no se dan abasto. Luego de esperar un par de horas para ser revisado y “clasificado” por un médico cansado, mal pagado y desvelado, el ciudadano se entera que aparte de ir aquejado por síntomas de alguna enfermedad común, debe trasladarse a otra unidad hospitalaria a kilómetros de distancia, en ese momento no se le puede hacer la prueba de hisopado (a pesar de que ha estado con tos y un poco de dificultad para respirar y que convive en su casa con un positivo de Covid-19).

¿Cuál es la alternativa para este ciudadano?

Dejando por un lado como tratará los síntomas de su enfermedad común, para salir de la duda de si se ha contagiado de Covid-19, puede acudir a uno de los laboratorios privados “autorizados” para realizar la prueba, por supuesto, primero debe resolver el problema de transporte hacia ese laboratorio, luego cancelar entre 400 a 1,200 quetzales por la prueba, y si sale positivo, comprar las medicinas adecuadas para tratarse y guardar cuarentena en su casa.

Correr el riesgo

Ante la alternativa para diagnosticar y tratarse por Covid-19 y los desembolsos que debería realizar (transporte, prueba, medicamentos) muchos ciudadanos se ven en la necesidad de correr el riesgo y asumir que solo es una “gripe más”.

El derecho a la salud para todas las personas significa que todo el mundo debe tener acceso a los servicios de salud que necesita, cuando y donde los necesite, sin tener que hacer frente a dificultades financieras. La discriminación manifiesta o implícita en la prestación de servicios de salud viola derechos humanos fundamentales.  Y el mal trato en los centros hospitalarios, el desprecio, la falta de empatía y el incumplimiento de las normas básicas de atención a enfermos es un claro irrespeto hacia la dignidad humana.

El grave problema que no se visualiza es que esa persona que fue enviada a otro lugar sin hacerle la prueba de Covid-19 correspondiente, puede ser que vaya a contagiar a muchos más y entonces el problema de no garantizar los derechos de esta persona se traduce en irrespetar el derecho de muchos más.

¿Qué se puede hacer?

Que cada gobernante, que cada servidor público, que cada ciudadano actúen en estricto cumplimiento de derechos y de leyes.  Que cada ciudadano en lo particular y unidos, organizados y conscientemente exijan el cumplimiento y respeto de sus derechos.  Que nunca más se vuelva a ver como “normal” algo que no es justo, que no es ético, que no es digno.  Que nunca más se vuelvan a aceptar excusas de gobernantes señalando los errores o corrupción del pasado.  Los ciudadanos debemos tener claro que, si un ciudadano se postula a gobernar y es elegido, debe saber cómo resolver los problemas sociales, debe estar preparado para gobernar, para gestionar y para dar soluciones contundentes a favor de la ciudadanía.

No deberías morir por no poder pagar un hospital o un laboratorio particular.  No deberías morir por la corrupción de los gobiernos. No deberías morir por ser pobre.

Citas bibliográficas

(1) Tse, Lao. Tao Te Ching.

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