La inconveniencia de ser apático

 

SIN TAPUJOS

La verdad de las personas no está en sus palabras, sino en sus actos.

En relación con mi artículo de la semana pasada en Nuestro Diario, sobre la guerra que le están haciendo a la jueza Erika Aifán los del Pacto de Corruptos incrustados en el Congreso de la República y en el Organismo Judicial, recibí muchas muestras de adhesión e incitándome a que continúe en la lucha contra la corrupción y la impunidad.

Esto es algo que nos compete a todos los guatemaltecos honestos y honrados, que buscamos un cambio para nuestra querida Guatemala, pero muchas veces solo lo alientan a uno, y ahí se queda todo, porque desgraciadamente todavía está latente el síndrome del miedo de decir las cosas como son y llamarlas con nombre propio.

No es posible que sigamos haciéndonos de la vista gorda ante las malas prácticas de los sinvergüenzas, porque al quedarnos callados, somos cómplices de estos, muchos creen que con insultar a los funcionarios del gobierno en las redes sociales, ya estamos cumpliendo con nuestro deber de ciudadanos, y no es así, y peor los que actúan en el anonimato con seudónimos, porque tienen miedo de dar la cara. Martin Luther King Jr. sentenció: “No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética. Lo que más me preocupa es el silencio de los buenos”.

Desgraciadamente los corruptos se están aprovechando de los momentos que estamos viviendo por la pandemia, porque a estos infelices no les importa cómo se encuentre la población, o si la contaminación y el número de muertos aumente, mientras ellos se estén hartando y llenando sus caletas de dinero, y lo más indignante es que el ejecutivo sea un consentidor de estos aborrecidos malandrines.

Los guatemaltecos estamos hasta la coronilla de que se sigan burlando en nuestra cara, estamos hartos de discursos bonitos pero muy cargados de demagogia. ¿cómo es posible que el primer mandatario diga que vamos bien, que está difícil la situación, pero que vamos bien? cuando Guatemala encabeza en Centro América, -a excepción de Nicaragua, porque ese dictadorzuelo de Daniel Ortega es un desdichado que ha ocultado la verdad- el número de fallecidos, y es porque los hospitales tanto públicos como privados han colapsado.

¿Dónde está el dinero que vamos a tener que pagar por los millonarios préstamos que se han hecho, cuando solo en el Hospital Temporal del Parque de la Industria, está presupuestado Q 266.829.030, y han ejecutado únicamente Q 17,510.020, el 6.5%? Lo demás es de donaciones que han efectuado instituciones nacionales e internacionales. Esto no sucede cuando en un país hay honestidad y transparencia.

El domingo escuchando al gobernante Giammattei en su ya acostumbrado mensaje, esperaba algo más serio y contundente, pero las medidas del semáforo que van a implementar a partir del 27 de este mes me parecen poco apropiadas para un país donde la gente no hace caso a nada, y se pasan las leyes por el arco del triunfo. ¿Cómo es posible que tome medidas a nivel municipal cuando la pandemia se ha extendido a lo largo y ancho del país? Los alcaldes en su mayoría no tienen la capacidad de controlar a la población de su municipio, ya sea por incapacidad o por negligencia. Solo hago una pequeña observación en cuanto al famosos semáforo que va a funcionar. Por ejemplo: Si en caso algún municipio del departamento de Guatemala llegara al color amarillo, automáticamente se abren todas las actividades, pero en el municipio de Guatemala, como se encuentra en el color rojo, no se permiten ninguna actividad, por lo que entonces, los de Guatemala, se trasladaran a los centros comerciales del municipio donde si hay actividad comercial. ¿Qué va a pasar? Al poco tiempo ese municipio que estaba sano se contagiará de inmediato, y así va a ser en la totalidad de Guatemala.

Guatemaltecos, ya no seamos más espectadores, seamos protagonistas y rechacemos con nombres y apellidos a todos los sinvergüenzas, que se están aprovechando del encierro. La lucha contra la corrupción y la impunidad debe ser hasta sacar a toda esa escoria de los estamentos del Estado.

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