Niñez y adolescencia: Cuando los medios violentan lo más importante

Fotografía de Fernando Chuy

Guatemala es un país violento, para afirmarlo es suficiente valorar las experiencias propias y las anécdotas de nuestro círculo social. Según organismos internacionales, nuestro país encabeza los listados de países con mayor índice de violencia contra la niñez, adolescencia y juventud e inclusive, ha sido catalogado como uno de los peores países para ser niño.

La violencia social y los medios de comunicación escritos, mantienen una estrecha relación gracias al periodismo de corte amarillista, que favorece el consumo de noticias relacionadas con todo tipo de violencia en el país, noticias en las cuales es permanente la exposición de niñas niños y adolescentes como el centro de una noticia, siendo presentados de una forma negativa o peyorativa

Para ahondar en este tema, es preciso definir la superestructura social como aquel conjunto de ideas, pensamientos, concepciones, organizaciones e instituciones que sostienen una relación de interdependencia con el sistema económico de la época en que vivimos. Esta categoría está estrechamente ligada al lenguaje como una herramienta imprescindible para la creación de pensamiento que, cuando se colectiviza, es considerado un imaginario social.

Expuesto lo anterior, es innegable la importancia de abordar el papel que juegan los medios de comunicación. Primero, por ser una de las instituciones que conforman la superestructura social y cuyo papel es determinante en el sostenimiento de la misma y, segundo, por su función social de discernir el rumor de la verdad, especialmente en lo que a violencia se refiere.

Los medios de comunicación poseen la capacidad social de posicionar y mantener temas en agenda, definen cuáles serán las preocupaciones frecuentes en el imaginario social y la forma en que se debe actuar socialmente para responder a dichos problemas sociales; también pueden influir en la gradual modificación de las visiones que predisponen de forma simbólica a la violencia. Es decir, a cambiar los imaginarios, aportar a la eventual modificación de la superestructura social.

El anterior planteamiento, que surge de la teoría social cognitiva de la comunicación masiva, afirma que una sociedad puede idear o establecer concepciones sociales erróneas sobre algún grupo que puede encontrarse en vulnerabilidad, pero que, por la forma tan intrascendente de ser presentada una situación, la misma puede ser normalizada para luego ser invisibilizada o poco valorada

En este contexto, es imposible dejar de lado la construcción de la percepción social, que puede construirse a partir de la forma en que los medios de comunicación –en especial los medios impresos- informan y sensibilizan acerca de la realidad. En consecuencia, un enfoque apropiado en la cobertura, manejo y terminología periodística debe contribuir a la promoción y protección de la niñez y adolescencia guatemalteca con responsabilidad y respeto, reconociéndolos y promocionándolos como sujetos de derechos.

Tras la aprobación de la declaración Convención Internacional de los Derechos del Niño en noviembre de 1989, la percepción de la niñez y adolescencia cambia. En consecuencia, las normas de un sistema irregular que desprotege evolucionan hacia un sistema regular que busca brindar protección; deben marcar un antes y un después en el paradigma social de la niñez, para dejar de ser objeto de derechos a sujetos de derechos y este cambio sustancial debe evidenciarse en los medios de comunicación sustituyendo el término “menores” o cualquier otro apelativo que indique inferioridad, desprotección o menor valía.

(Solórzano, 2006), expone que el concepto “menor” utilizado en la narración de las noticias, conlleva una carga ideológica de inferioridad o minusvalía, haciendo referencia a un grupo social que tiene menos capacidades o derechos que un adulto. Solórzano también aduce que el lenguaje utilizado al referirse a niñez y adolescencia ha construido una percepción social de prejuicio y que, en consecuencia, el cambio de paradigma debe reconocer dentro de cada noticia que todo niña, niño o adolescente, es sujeto de derechos y no continuar con el enfoque de situación irregular y del adultocentrismo; que indica que la niñez y adolescencia es y representa lo que los adultos digan que son o digan de ellos o ellas. Dentro del contexto de garantías de las cuales goza la niñez y adolescencia en nuestro país, se debe reconocer el principio de protección universal que declara la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño y, a partir de esta Convención se debe cambiar el trato y referencia de objetos de derecho a sujetos de derecho.

Sin embargo, desde esta perspectiva, la comunicación masiva no promueve o facilita espacios de promoción de los derechos de la niñez y adolescencia. Por el contrario, los expone como víctimas incapaces de defenderse, como inferiores y en ocasiones también los criminaliza, puesto que diariamente utiliza formas de expresión y tratamiento de información construyen o perpetúan sistemas irregulares sobre el reconocimiento de derechos humanos de las personas y en este particular caso de niñas, niños y adolescentes.

(Jorge Tumax, 2020), identifica a través de la revisión hemerográfica de uno de los matutinos de mayor circulación en Guatemala, que el discurso periodístico no refleja la apropiación del enfoque de protección integral, sino que perpetúa el enfoque que coloca a la niñez y adolescencia en una condición de vulnerabilidad y desprotección. La consecuencia clara de esta práctica periodística sobre el imaginario social es la perpetuación de la violencia a partir de su naturalización y, por ende, su justificación a través del lenguaje, pues este transmite violencia explícita e implícita con el fin de utilizar la noticia como mercancía y a la niñez y adolescencia como estrategia de venta.

Por lo anterior, resulta urgente que el Estado de Guatemala, ratifique y adopte el “Protocolo facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño relativo a un procedimiento de comunicaciones”, con la finalidad de contar con un cuerpo legal que regule el tratamiento de la información relacionada con niñez y adolescencia, para que se difunda bajo un enfoque de protección integral, posicionando sobre todo su derecho a la opinión libre e informada. También es imprescindible que la Universidad de San Carlos de Guatemala y otras instituciones de educación superior incluyan en el pensum de estudios de las carreras de Técnico en Periodismo Profesional y Licenciatura en Ciencias de la Comunicación, la categoría conceptual de Derechos Humanos y, específicamente, Derechos de la Niñez y la Adolescencia, a fin de garantizar que los comunicadores y las comunicadoras cuenten con las herramientas necesarias para desempeñar su trabajo éticamente y apegados a derecho.

Pero sobre todo es urgente que los medios de comunicación revisen sus prácticas periodísticas a la luz de la Convención de los Derechos del Niño y creen espacios de participación protagónica para la niñez y la adolescencia, atendiendo a sus obligaciones legales, según lo establecido en el Artículo 60 de la Ley de Protección Integral de la Niñez y Adolescencia, con el fin de posicionar sus necesidades en la agenda social y política del país.

 

Referencias bibliográficas

Jorge Tumax, C. M. (2020). Enfoque utilizado en medios de comunicación escritos, para la difusión de noticias violentas sobre niñez y adolescencia. Quetzaltenango: Investigación no publicada.

Solórzano, J. (2006). Los derechos humanos de la niñez. Guatemala: Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, UNICEF Guatemala.

Una respuesta a “Niñez y adolescencia: Cuando los medios violentan lo más importante”

  1. Intersante, el lenguaje se naturaliza y con este la violencia ejercida. Existe una cantidad de conceptos que forman parte de las expresiones cotidianas y «menores» es una de ellas que aún al presente algunos profesionales dedidcados a la «protección social» utilizan.

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