¿El fin del covidiano está cerca?

No soy un profeta, menos un santo, realmente soy un estudiante, un lector y quizá imagino algunos escenarios respecto a esta pandemia que ha aterrorizado a muchos ciudadanos, particularmente a aquellos que han sufrido de cerca la enfermedad, en sí mismos o a través de sus seres amados.   

Me refiero al presidente de la República de Guatemala, cuando me cuestiono, ¿hasta cuándo le durará ese respeto y apoyo de la población? ¿Cuánto falta para que se fatigue la población de escuchar esas cadenas nacionales incongruentes? ¿En qué momento estallarán no solo los que salen a manifestar en sus autos lujosos? El poder no está centralizado en él, eso está claro, desde siempre el jefe necesita de los “suyos” para seguir en su silla, entonces, la pregunta sería ¿cómo ganarse el descontento de los suyos, de los patrocinadores que aún obtienen beneficios? Para esto, quiero contar una historia respecto a la epidemia que sirvió para acentuar el declive presidencial de Mariano Gálvez.

En 1837, justo durante el segundo período consecutivo del Gálvez, electo en 1835, más que por la población, por sus allegados y achichincles, azotó una epidemia de “cólera morbus” que vino a debilitar el poder del presidente y a fortalecer el descontento por su forma de gobierno. Desde 1833 la peste estaba en el vecino México, por lo tanto el gobierno tomó ciertas medidas sanitarias para prevenir, pero a inicios de 1837 entró con gran poder el cólera, desde Honduras y Belice, poco a poco las defunciones fueron incrementado. En los primeros siete meses del año ya se sumaban 819 muertes por el cólera morbus, solo en la capital, en el campo el descontento se animaba, al igual que las manifestaciones avivadas por Rafael Carrera, estaba claro que la población no quería a aquel presidente, y los que sostenían el poder de Mariano Gálvez eran sus amigos, los liberales. Para calmar la tensión, el presidente invitó a su gabinete a dos personajes de ideología conservadora y esto lo alejó definitivamente de sus únicos aliados, tampoco contaba con la mano del presidente federal, en aquél entonces, Francisco Morazán. Se decía que el mismo Mariano Gálvez estaba contaminando las aguas y que ese era el motivo de las grandes muertes en aquél entonces, eran mitos que la gente moría envenenada por aquella razón. En 1838 doce mil hombres defendiendo sus intereses entraron a la capital y derrocaron al presidente Mariano Gálvez con el grito “Viva la religión y muerte a los extranjeros”.

Cuando se acaben los países con quien comparar al Estado de Guatemala, cuando sigan sumando las muertes de varias familias, cuando los bolsillos de los ricos sean tocados “más de lo permitido” empezará el declive del presidente, pero no creo que sean tontos él y sus compañeros estrategas, antes que todo eso pase, el país sanará, el presupuesto empezará a destinarse de mejor forma y se alineará todo para salvar un gobierno que va en picada. Es vergonzoso comparar las muertes del 1837 con las del 2020, en menos de cinco meses nos acercamos a la misma cantidad que en siete meses en el pasado, el sistema de salud y asistencia social ¡En 2020 sigue igual o peor!

Si la ceguera sigue en nuestros ojos nacionalistas, si el fanatismo nos sigue inundando, creeremos todo lo que nos sigan contando.

 

Bibliografía

Flores , M., & Arriaga, W. (2017). Guatemala. Historia de Guatemala .

 

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