El difícil oficio de sobrevivir

TRANSFORMAR EL VENENO EN REMEDIO

Fotografía de Omar Argueta

Cuando se tienen a la vista las “radiografías” de las condiciones sociales y económicas de América se logran entender las escenas cotidianas que se ven en todos los países americanos y que parecieran ser producto de la imaginación de los mejores productores de cine.  El Programa Mundial de Alimentos de la ONU revela que 135 millones de personas experimentan hambre aguda. El efecto del hambre tiene sus factores sociales, económicos y políticos, que la mayoría de personas no comprenden o no tienen la oportunidad de entender, sin embargo, se debe hacer el esfuerzo de conocer esta realidad, qué la provoca y qué pasará en el futuro, porque “No tengas miedo de la muerte; ten miedo de una vida no vivida. No tienes que vivir para siempre, sólo hay que vivir” 1, y ese es el reto, dejar de sobrevivir para vivir plenamente.

 

Sobrevivir

Sobrevivir implica seguir vivo a pesar de las estrecheces o dificultades de la vida, es decir, seguir con vida en medio de condiciones adversas y sin medios para facilitar la superación de la circunstancia que se presenta.  Sobrevivir en la sociedad actual implica vencer problemas sociales y económicos como: extorsiones, asaltos, asesinatos, violaciones, pésima calidad en los servicios de salud, transporte público totalmente deficiente y peligroso, inseguridad alimentaria, desempleo, subempleo, altos precios de la canasta básica, injusticia, corrupción, invisibilidad social, etcétera, además, debe superarse también la crisis de valores que rodean cada aspecto de la vida en sociedad.

Sobrevivir exige un esfuerzo constante, estar en alerta, vigilar cada movimiento, estar a la defensiva.  Para sobrevivir se hace necesario estar preparado con conocimientos técnicos mínimos que puedan ser aplicados a la situación que se presenta, se hace necesario adaptarse a la situación, ser creativo con el uso de las herramientas al alcance, y sobre todo, desarrollar la actitud adecuada ante los retos que se presentan, estar decidido a vivir, a pesar de todo, en contra de todo pronóstico y ante cualquier obstáculo que se presente.

Sobrevivir no es fácil. Muchos no lo logran. Por eso al que sobrevive a una experiencia traumática: un accidente, una enfermedad grave, estar perdido en la selva, se le entrevista, celebra e interroga para aprender cómo lo logró. Sobrevivir en Guatemala es la experiencia diaria de 8 millones de ciudadanos en pobreza y extrema pobreza, desempleados y con poco o nulo acceso a oportunidades de desarrollo. Y los otros 9 millones de guatemaltecos con mínimas excepciones, deben sobrevivir a violencia generalizada, desigualdades, subempleo, ingresos económicos bajos, actos de corrupción que corroen la economía del país, acomodamiento, imposibilidad de tan siquiera soñar con la movilidad social. Y ahora debe sumarse a la ecuación de sobrevivencia, la actual pandemia con efectos directos en la salud y vida humana, y, los efectos económicos y sociales que ésta provocará.

Sobrevivir es cansado

Mantenerse en la lucha de vivir es cansado, consume toda la energía y desgasta mental y emocionalmente. Y cuando esa necesidad de supervivencia es aplicada no ante una emergencia sino ante un diario vivir en sociedad, es frustrante, asesina sueños, esclaviza pensamientos y conforma creencias de incapacidad, imposibilidad y conformismo al aceptar que “así son las cosas”, “ese es el destino” y no hay nada más que hacer.

Recuperar la ilusión de vivir

El propósito en todo momento debe ser VIVIR. Y para lograrlo se debe ante todo recuperar la capacidad de soñar, tal y como lo hace un niño pequeño cuando se le pregunta ¿qué quieres ser cuando seas grande?, sin duda en esa pregunta está la clave para reconstruir la esperanza, para desarrollar la fuerza y nunca desistir, para comprometerse con un sistema de valores que impulsen hacia el propósito, y, para luchar como se hace para sobrevivir, ahora para vivir y hacer que la vida valga la pena para sí mismos y para el entorno en el que se vive.  Para recuperar esa capacidad y para afrontar esta tarea plenamente dotados de recursos físicos, materiales, mentales y emocionales, se hace necesario ejercer autodisciplina para comprender, desaprender y aprender la realidad social en que se vive, unirse a personas con la misma convicción de vida y entre todos fortalecerse en este proceso de aprendizaje que debería incluir como mínimo: recuperación de la memoria histórica, la historia política del país, la participación ciudadana, la adopción y práctica de los derechos humanos,  los mecanismos de auditoría social y los procedimientos de denuncia.  Todos estos temas como fundamentos de la construcción de una Cultura de Paz en donde todas y todos tengan la misma oportunidad y los mismos recursos para lograr el anhelado desarrollo.

La pandemia coloca a la humanidad en una delicada situación en donde esos 135 millones de personas con hambre pueden duplicarse, en donde las amenazas sociales de la vida pueden incrementarse, y, es que, «la vida es tan corta y el oficio de vivir tan difícil, que cuando uno empieza a aprenderlo, ya hay que morirse» 2, así que no debe dejar pasar un minuto más, las condiciones para vivir una buena vida pueden lograrse si usted, yo y todos accionamos unidos en pos de cambiar la historia, la triste historia que se ha sobrevivido. ¡Es tiempo de vivir!


(1) Babbitt, Natallie. 1975. Tuck para siempre.

(2) Sabato, Ernesto. 2000. La resistencia.

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