El COVID-19 nos enfrenta a la realidad del Estado guatemalteco II

Ciudad de Guatemala. Fotografía de Fernando Chuy

Retomando la reflexión obligada (en la 1ra parte) de repensar el Estado que necesita la población guatemalteca para garantizar las condiciones mínimas de calidad de vida en nuestra sociedad, es esencial que el gobierno destine el dinero, para ayudar a familias de clase media y baja, no sólo porque es necesario reactivar la economía, sino porque es esta clase media la que sostiene la recaudación fiscal, junto con la generación del IVA, derivado del consumo.

Para ello, es esencial que el gobierno apoye, por ejemplo, a madres que dependen de las pensiones alimenticias que se han estancado, en virtud del cierre del Organismo Judicial, o exigir a los colegios privados, que proporcionen descuentos significativos en virtud de que no se están utilizando las instalaciones físicas de los centros educativos.

Ya algunos profesionales están sugiriendo que los colegios de profesionales proporcionen pensiones “por cesantía” a aquellos profesionales que no cuentan con ingresos fijos. Cada quetzal ahorrado por un profesional, una madre soltera, un gerente, un trabajador, irá al consumo, en las tiendas de barrio y pequeños negocios que se nutren de otros comercios locales. Eso es lo que hará que la economía se reactive con más celeridad ya que ese mismo consumo generará más impuestos.

El gobierno debe dar incluso facilidades fiscales a micro y pequeñas empresas que generan la mayoría de empleos en el país, porque estos negocios necesitan la liquidez para generar más recursos.  El dinero debe ir directamente a la gente, no a los bancos, ni solo a las grandes empresas.

Esta crisis de salud ha puesto de manifiesto también las grandes falacias del siglo XX, que la economía no se puede parar, que no se puede dejar de consumir petróleo, que la sociedad colapsa si la conservación del ambiente es más importante que la producción desmedida. Ninguna de esas cosas ha sucedido, y se ha parado la producción y el ambiente está más limpio y sano. La naturaleza está mejor porque hemos bajado “la velocidad” de la “vida moderna”. Al fin, la tecnología está funcionando para mejorar las sociedades no para aprovecharse de ellas.

Jamás debemos desaprovechar una “crisis” para cambiar y mejorar algo. ¡Estamos a tiempo!

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