La esclavitud financiera nos acecha

Qué suerte que las personas no comprenden nuestro sistema bancario, porque si lo hicieran, creo que habría una revolución antes de mañana en la mañana.

Henry Ford, fundador de Ford Motor Company, 1937

Centro Cívico, ciudad de Guatemala. Fotografía de Fernando Chuy

La economía hipotecó el futuro y este súbitamente llegó.Varias generaciones llevan ya a cuestas, de la mano de los banqueros, la mayor estafa de la historia de la humanidad, la creación de dinero sin respaldo. La actual emisión busca sostener una pirámide social que nos obliga a hipotecar el futuro bajo pretexto de una emergencia.

Si usted es como la mayoría, debe el carro, debe la casa, debe la tarjeta de crédito, hoy hasta debe la renta y la luz, y para colmo ya le cortaron el celular e internet. ¿Cómo pagaremos?

A partir de la Revolución francesa y la creación de la nación-estado, evolucionó un modelo de nación en donde el bienestar del ciudadano era el promotor fundamental del desarrollo económico y la movilidad social, pasando por la abolición formal de la esclavitud al reconocer la igualdad entre los seres humanos, y concibiendo el aumento progresivo del bienestar material con la llegada de la Revolución industrial.

Este modelo se mantuvo hasta mediados del siglo XX, cuando como consecuencia de la misma Revolución industrial, la acumulación de capital dio paso al surgimiento de corporaciones multinacionales, las cuales incursionaron en la política para influir en la mejora de sus beneficios a través de prácticas de dominio de estrategias públicas. Resulta entonces el estado corporativo a partir de la década de los 70, donde el interés de las corporaciones multinacionales dicta la política pública, inicialmente manteniendo el bienestar ciudadano como premisa fundamental, luego abandonándolo en beneficio de las utilidades corporativas, lo cual resultó en la pérdida masiva de empleos por ser éstos trasladados a países de menor costo a través del modelo de la maquila.

El efecto Walmart y la nueva esclavitud

A raíz de la crisis financiera de 2008 se produce un cambio en el modelo económico, que privilegia la “salud” del sistema bancario, ya que aún las gigantescas corporaciones multinacionales dependen de la constante inyección de capital para mantener su crecimiento y beneficios. El rescate mundial de los gobiernos centrales a favor de las instituciones financieras tuvo como resultado que actualmente siete bancos dominen la economía mundial, e incluso las gigantescas corporaciones responden y se someten al designio de estos bancos, abandonando totalmente la premisa del bienestar del ciudadano en favor del resultado financiero trimestral de esos bancos. La consecuencia es el llamado “efecto Walmart” donde los proveedores son constantemente presionados para bajar sus costos, resultando en condiciones económicas tales como el empleo a tiempo parcial sin prestaciones sociales y el efecto “maquiladora”, donde el empleado es pagado a destajo sin beneficios laborales ni seguridad social. Esta situación ha creado, como consecuencia, la nueva esclavitud, ya que el pobre está obligado a vender sus servicios a cambio de una remuneración que no alcanza ni para la canasta básica y no cuenta con beneficios de seguro médico o posibilidad de fondo de retiro, condición exacta a la del “esclavo original”, que daba su trabajo a cambio de alimentación y vivienda; y, al dejar de ser útil, era simplemente abandonado.  Es decir, la esclavitud financiera deriva en condiciones de esclavitud física, paralelas a las que sufrieron los esclavos sometidos a trabajo físico forzado durante siglos pasados.

Además de observar la esclavitud “disfrazada” en las condiciones de escasez bajo las cuales las clases bajas llevan a cabo su trabajo, ésta también se detecta en las condiciones de deuda que manejan las clases medias y altas. Por ejemplo, el norteamericano promedio tiene una deuda de 150 mil dólares, al considerar la hipoteca de la casa, la letra del vehículo, el préstamo estudiantil y la tarjeta de crédito; y dedica el 85 % de sus ingresos a pagar esa deuda.

Estamos, entonces, viviendo el nacimiento de la nación-banco, donde tanto el bien común como su desarrollo  están sujetos a la cadena del proveedor al costo más bajo con capital proveniente de bancos o aseguradoras locales, las cuales a su vez están reaseguradas o franquiciadas por la “City” de Londres o Wall Street, que a su vez son dominados por los bancos de inversión , quienes a su vez dependen de los “fondos buitre” , creando así una cadena de dependencia financiera y a su vez dependiendo de las órdenes emanadas de este selecto grupo.

Y acá, hoy, nosotros emitiendo bonos y dándole a los bancos hasta ahogarnos para que a su discreción decidan a quien sí o a quien no. ¡Solo falta el látigo y las cadenas!

Fotografía de Fernando Chuy

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