¡Alto! Es hora de desaprender

Transformar el veneno en remedio

Ciudad de Guatemala. Fotografía de Fernando Chuy

La competencia, muchas veces desleal; la falta de equidad; el consumo desmedido; la alta producción que pone en riesgo los recursos naturales; la voracidad; el acaparamiento; valorar más lo material que lo humano; y, más recientemente, el FOMO (fear of missing out) temor a perderse algo, ejemplificado en la compra compulsiva, temerosa y masiva de papel higiénico, son en su conjunto las características de las sociedades de consumo, son los “valores” que caracterizan a una sociedad automatizada por el querer tener más, a cualquier precio, pasando por quien sea necesario.

Llegó la hora de cambiar, “no se trata de quemarlo todo, ni de destruir nada, se trata de transformarse, de cambiar la forma de ver y entender la vida”1, para desaprender estilos de vida egocéntricos y transformarlos en estilos de vida inclusivos, solidarios y empáticos.

 

El proceso liberador de la educación

La educación debe entenderse como un proceso de construcción de competencias para liberar el potencial que cada ser humano posee para vivir una vida plena, con satisfacción y con una completa convicción de estar generando momentos memorables y de alto beneficio propio y para las personas con que se comparte el espacio comunitario, enriqueciéndolo e impulsándolo hacia un desarrollo para todas y todos.

Este conjunto de acciones o actividades sistematizadas que constituyen el proceso educativo, siempre tiene un fin predefinido, un propósito al que obedece y que debe cumplirse. En algunas ocasiones, son las familias quienes definen y dirigen el propósito; en otras ocasiones, la mayoría de veces, son los gobiernos los que dictan y determinan ese propósito, para responder a los intereses y necesidades de los grupos de poder.

Al descubrir las grandes falencias de un sistema educativo que privilegia los conocimientos técnicos sacrificando el desarrollo de conocimientos humanísticos, dedicando sus recursos económicos a ese fin y sin embargo fallando incluso en el logro de ese objetivo (o quizá el objetivo era esa falla), cada persona debe plantearse la necesidad urgente de liberarse de ese proceso erróneo y entrar en un proceso de desaprendizaje que permita aprender y reaprender lo que realmente se necesita para lograr la plenitud de desarrollo personal y social, esta vez, autodirigido y con una mentalidad de autoaprendizaje continuo a lo largo de toda la vida.

Para desarrollar otra forma de ver la vida

Hay momentos detonantes en la vida, como la crisis sanitaria causada por el COVID-19, en que cada persona tiene la oportunidad de someter a análisis y reflexión el conjunto de conocimientos, creencias e información que se posee e interrogarse sobre su certeza, su validez y su utilidad.  Las formas de trabajo y estudio que se aprendieron antes de la crisis quedan en su mayoría invalidadas con la ausencia de transporte público, el aislamiento social, la cuarentena y el alto riesgo de contagio; entonces la mayoría de personas deberían reaprender y estar abiertos a formas diferentes de trabajo y educación, por ejemplo, emprendimientos y plataformas educativas online.

Otra situación a plantearse durante la crisis sanitaria es la eficiencia de la organización social que se ha creado a lo largo de la historia humana especialmente lo relativo a los valores sociales que se practican o no cotidianamente. Hoy se necesita de la solidaridad, comprensión y responsabilidad de cada ser humano para practicar los protocolos de prevención del COVID-19: uso de mascarilla, mantener la cuarentena, etc., para el beneficio individual y especialmente para el cuidado de la comunidad en donde se habita.  Sin embargo, si esos valores de responsabilidad social no se han practicado previo a la crisis, si no se ha tenido cuidado, solidaridad, respeto y ayuda hacia el vecino necesitado, es muy probable que ahora que se hace indispensable la práctica de esos valores, se descubra que están ausentes.

 

La mochila de emergencia del desaprendizaje

Desaprender no es lo contrario de aprender. No es olvidar lo aprendido, ni dejar de aprender. Es un proceso continuo, constante y consciente para ir mucho más allá de lo aprendido, consiste en revisar lo que hasta este momento se ha considerado inmutable y normal. Tiene el objetivo de crear, re-crear, innovar, reinventar todo aquello que ha dejado de funcionar y todo aquello que es necesario cambiar para lograr el bienestar individual y social.  Es romper con las prácticas sociales vacías de valores y reinventarlas a prácticas vitalizadas de búsqueda, compromiso y logro del bien común.

En la mochila de emergencia del desaprendizaje urgente para aprender y reaprender a cultivar una vida plena es necesario incluir: (1) hacer un alto para observarse, indagarse y descubrir creencias, aprendizajes y prácticas de vida que han caducado; (2) observar, escuchar y sentir la situación para poder redefinirla; (3) asumir la oportunidad de cambio de paradigmas; (4) integrar lo aprendido a la práctica de vida cotidiana; y, (5) practicar este proceso continuamente.

Esta es una oportunidad única que proporciona el tiempo y el espacio para la reflexión, para asumir compromisos con la autotransformación y el rediseño de las relaciones con las comunidades en que se vive para lograr el anhelado desarrollo sostenible. La crisis sanitaria en medio de su calamidad, de su destrucción de vidas, de su siembra de temor, proporciona un espacio único para descubrir que “lo que necesita nuestro tiempo son seres más bondadosos, no seres más inteligentes. La inteligencia sin bondad es una mutación fallida”2, que provoca una sociedad débil, frágil y en constante riesgo.  Así que es necesario hacer un ¡Alto! y comprometerse a desaprender, aprender y reaprender.


(1) Cobera, Enric. 2015. El arte de desaprender.

(2) Naranjo, Claudio. 2019. Sanar las mentes para arreglar el mundo.

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