Una pandemia para bajarle el calzón a toda la mara

Confinado en mi madriguera desde hace días observo cómo la situación se pone cada día más turbia. Las redes sociales nos empañan con pelos y señales que todo está a punto de quebrarse, no quiero alarmarlos, pero no estamos tan lejos de Ecuador, aunque nos separen algunos miles de kilómetros nuestra infraestructura es igual de entelerida. No sé qué demonios esperan los que se hacen llamar dirigentes de este país para implementar la cuarentena absoluta.

Indigentes de ciudad de Guatemala esperan por ayuda en las afueras de un refugio temporal. Fotografía de Moisés Castillo

Es evidente que el riesgo de contagio no ha sido dimensionado por las mayorías, los mensajes contradictorios del presidente no ayudan mucho y también debe hacerse notar que aquí nadie quiere morirse de hambre, por eso la gente sigue saliendo a trabajar. Si tan solo doña Chonita no fuera tan ambiciosa, ruin y de mente obsoleta, quizá esta crisis se sobrellevaría mejor. Pero se nota que los más vulnerables le importan poco, su ambicioso discurso se ve personificado en Alejandro Giammattei y sus tibias medidas, porque al final fue la doñita quien lo puso allí ¿Me equivoco? Es cierto que hubo más de un millón de majes que corrieron a las urnas el año pasado, más asustados por la posible victoria de Sandra Torres que otra cosa, ¿Y qué más podíamos esperar?

El doc. con sus mensajes discordantes sale cada cierto tiempo en cadena nacional a apantallarnos con acciones tan eficientes de su gobierno que algunos incautos llegan a creer fake news en donde hasta nos felicitan de otros países por su trabajo suyo de él tan inteligente y estratégico.

El camote le tocó a Giammattei y es su obligación liderar al país para salir lo menos cumbiados que se pueda, pero para Alejandro y su gabinete valen más los intereses económicos de una oligarquía rancia y nefasta, la más llorona de Latinoamérica. Por eso siguen haciendo salir a gran parte de la población a trabajar con un toque de queda de 12 horas como si en las horas restantes el virus dijera bueno ya estuvo por hoy, me voy a descansar. Como si las maquilas no concentraran grandes cantidades de personas en espacios reducidos y sin ventilación. Sabemos que el daño económico no vamos a esquivarlo, pero de eso a que diputados y empresarios se aprovechen de la coyuntura para sacar raja hay un tremendo abismo de negligencia y voracidad. Notan la oportunidad y no la dejan pasar, son ávidos los muchachos.

Pero por qué entrar en pánico si según nuestro querido gobernante, ellos están haciendo su mejor esfuerzo para combatir la pandemia que amenaza con caer como aguacero en pleno abril. Hoy alcanzamos más de un millón de infectados en el mundo y ni hablar de las proyecciones de muertes por COVID-19 que se avecinan.

Hospital regional de Ixcán. Fotografía de Rolanda García

Un sistema de salud raquítico y sin garantías

Si en la capital y sus municipios aledaños hay carencias, no podemos llegar a dimensionar el grado de miseria que viven las comunidades más periféricas. Si los países más poderosos no tienen capacidad de contención, ¿Cuánto tiempo pasará para que empiecen a acumularse cadáveres en la calle y te cierren la puerta del hospital en la jeta? Ni dios lo quiera diría nuestro fervoroso gobernante, peromásinembargamente la posibilidad está acechando.

Como bien anota Iskra Soto Orantes, hablamos de un modelo de Gobierno que prioriza los intereses privados por encima del interés público. Un Estado que protege el acaparamiento de los recursos, la falta de distribución equitativa de la riqueza y que ha hecho un trabajo eficaz, haciéndonos creer que son los empresarios las personas de éxito que mantienen a flote al país entero.

Son esos mismos “emprendedores” de arriba, los primeros que chillan escandalosos y rapidito piden exenciones fiscales por 100 años a través de diputados fantoches, son estos mismos personajes distinguidos que aparecen en fotografías repartiendo migajas al gobierno. Piden un siglo de facilidades como si los años de despojo y acaparamiento que han protagonizado a lo largo de la historia del país no les haya parecido suficiente. Qué lujo.

La estructura sanitaria del país se concentra abrumadoramente en la capital y la misma no tardará en colapsar cuando notamos que hacen falta hasta las cuestiones más básicas, equipos de protección para el personal médico, protocolos de atención, etcétera, ni mencionar si tenemos o no ventiladores suficientes. Si el sistema de salud no podía con las emergencias cotidianas, ahora será con una pandemia encima. A las pruebas me remito.

Ojalá y no, pero de pronto y nos chocamos en el Hospital de Especialidades de Villa Nueva o bien el Parkinson de la Industria. ¡Take care!

Stay at home, quizá en inglés si agarran la onda.

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