Entendé, quedate en tu perra casa

Ya van 4 meses desde que empezaron las noticias sobre el COVID19, al principio todo era risas y diversión, memes y sandungueo por las redes; como buen jovenzuelo cibernauta al que le habían dado armas apocalípticas para nuevo contenido memístico.

Me incluyo, disfruté los primeros días de catástrofe donde aparentemente no nos afectaba en lo más mínimo, aquellos días donde luego de una larga jornada laboral, llegaba a mis aposentos, empezaba mi rutina nocturna y llegaba el momento más esperado del día: acostarme, poner la TV de fondo y ver los memes del día (que en su mayoría eran sobre la crisis de Asia).

Obvio que me retorcí de la risa con cada meme, es más, hasta hice mi propio contenido relacionado al famosísimo COVID19. Pero conforme fueron pasando las semanas, la cosa se fue poniendo oscura y peluda. La gente que acostumbraba ver en mis redes compartiendo los memes del momento, empezaba a compartir contenido con un toque más serio: “Cuídense, lávense las manos, usen mascarilla” no se sabe cuándo nos viene ese cuentazo a Latinoamérica. Pasaron los días y ¡BOOOOM BABY!, primer caso de coronavirus en Guatemala. ¡Ay mamá! Ni idea teníamos de lo que nos esperaba ni de lo grueso que nos iban a afectar las mediditas tomadas por el presi.

Como buenos ciudadanos guatemaltecos, nos gusta esperarnos a tener el arma ya en la frente para darnos cuenta que estamos re metidos en lo más profundo del agujero. Las personas mayores ya se anticipaban el lujo de cagadero que se nos venía encima, pero, ¿nosotros, las juventudes despreocupadas? Ni se nos cruzó por la mente que algo así nos iba a pasar, nos empezamos a dar cuenta de que ya la teníamos dentro cuando por las calles se dejó de ver gente transitar, cuando pararon toda clase presencial, ahhh, pero allí empezamos con el nuevo trencito de la alegría con el temita de las clases virtuales, hay que ver lo alegre hasta en los días más oscuros dicen por allí…

Empieza la temporada de clases virtuales y home office, y a huevos que teníamos que verle el lado gracioso, como buenos chapines, eso nos caracteriza. Pero el encierro no era como esperábamos, ilusos nosotros que pensábamos que iban a ser unas vacaciones de pomada. Vernos ahora, sin tener ni puta idea de cuando termina este desmadre, desesperados en nuestras propias casas, extrañando las cosas más minúsculas de nuestra recién pasada vida cotidiana: una salidita con los amigos, unos traguitos en Montaditos, una salida al cine, “vitrinear” en nuestro centro comercial preferido, desesperados por, aunque sea echarnos una salida a comer con nuestro team de amigos.

Y lo peor es que no estamos ni cerca del pico de la catástrofe. Nunca imaginamos que nos tocaría vivir una catástrofe como aquellas de las que nos aburría leer en los libros de sociales. Nunca imaginamos llamadas de nuestros seres queridos a las tres y pico de la tarde para decirnos: ¿Ya llegaste a tu casa?

Mientras pensaba en cómo redactar esta nota, vi noticias sobre Ecuador en twitter y eso me lleva a concluir:

Ya está bien grande el cagadero como para seguirnos embarrando más sin conciencia alguna, #QuedateEnTuPerraCasa y toma las medidas que nuestros países vecinos no tomaron a tiempo. No perdamos la alegría que nos caracteriza como país, pero eso no significa Sodoma y Gomorra, alegres, pero en nuestra casita. Los quiero.

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