Transformar el veneno en remedio: El poder de las Comunidades Resilientes

Guatemala, “patria de los perfectos días” (1), vive su cotidianidad rodeada de crisis de diferente nombre y problemas históricamente sin solución.  Comunidades de guatemaltecos compartiendo intereses, momentos, historia, problemas, esperanzas y sueños; hoy, enfrentando la llegada del COVID-19 y la grave enfermedad respiratoria que causa y su alto riesgo de contagio.  Confinados a las cuatro paredes de sus casas y enfrentando la desconfianza del contacto social deben seguir en pie por la supervivencia en medio de la precaria situación económica y social en que se desenvuelven.  ¿Cómo enfrentar como comunidad los eventos difíciles que cambian las normas de vida? Para ello es importante haber desarrollado resiliencia, la capacidad para adaptarse y superar la adversidad.

Fotografía de Fernando Chuy

En medio de la crisis

La sociedad global está atravesando una crisis sanitaria por la aparición repentina e inesperada del  desconocido COVID-19 y la grave enfermedad respiratoria que causa, que en su grado de pandemia, es una crisis urgente, pues afecta directamente el bienestar físico, psicológico, emocional, económico, cultural e incluso espiritual de las personas y de las comunidades. Nuestras comunidades están generando preocupación e incertidumbre ¿Cuánta gente se verá afectada, y con qué gravedad? No lo sabemos. Y este desconocimiento, unido a la incertidumbre socio-económica que se vive diariamente produce dramatismo, y ese desborde de emociones, aunado al acceso inmediato, a través de redes sociales a información muchas veces con falta de calidad y contenido, terminan produciendo miedo, falta de esperanza, desconsuelo y actitudes fatalistas.

Una característica de toda crisis es que presenta un peligro y una oportunidad: la crisis puede desembocar en mejorar o empeorar la vida de la gente. Cuando las personas están unidas en comunidades resilientes, organizadas, solidarias y con altos niveles de empatía; entender, sobrevivir y reponerse de la crisis es un camino más fácil de recorrer.  Convivir con la crisis y con el COVID-19 es una realidad y esto hace surgir la cuestión fundamental:  cómo nos enfrentamos a él y cómo lo resolvemos.

 

La resiliencia como camino

La resiliencia es el proceso de adaptarse bien a la adversidad. Las comunidades resilientes desarrollan tres tipos de capacidades que les permiten estar organizados y responder a los eventos desestabilizadores de su entorno: (1) capacidad de adaptación ante la situación de amenaza; (2) capacidad de gestionar los servicios básicos para el funcionamiento de la comunidad; y, (3) capacidad de organizar e impulsar la recuperación de la comunidad después de la crisis.  Sin embargo, se debe tener en cuenta que la resiliencia no se genera espontáneamente, las comunidades resilientes han dedicado tiempo para conocerse, para diagnosticar sus fortalezas y sus debilidades y han planificado cómo enfrentar sus debilidades y amenazas, tienen claro cuáles son las rutas de gestión ante emergencias y crisis, han dedicado tiempo a fortalecer los lazos comunitarios de comunicación, apoyo y organización.  Tienen claro que el trabajo en equipo es vital para lograr el desarrollo comunitario, afrontar crisis y salir fortalecidos de las mismas. Impulsan y valoran la participación de todos en la comunidad como fuente vital de fortaleza y saben que necesitan aliados externos: colaboradores, expertos, voluntarios, servidores públicos, etc.

Fotografía de Fernando Chuy

Así se perciben las Comunidades Resilientes

El principio de que todas las cosas se crean dos veces se aplica totalmente a las Comunidades Resilientes en donde sus líderes comunitarios con visión de desarrollo y compromiso de acción han motivado e inspirado a sus vecinos para que juntos construyan  un ideario que  impulse el desarrollo de su comunidad: relaciones de participación y apoyo, ver las crisis como obstáculos superables, percibir el cambio como parte de la vida, moverse constantemente hacia sus metas, buscar constantemente oportunidades para su comunidad, nunca perder la esperanza, cuidarse mutuamente. Y sobre todo estar organizados para el desarrollo, para la emergencia, para la convivencia, para la ayuda.

Las comunidades resilientes saben perfectamente que, así como en el pasado, en el presente y en el futuro deberán resolver situaciones de emergencia y enfrentar crisis de toda índole que amenazarán a los miembros de su comunidad o a la comunidad entera, y, por ello, aprenden de sus experiencias, aprenden de sus necesidades, aprenden de sus logros y aprenden de sus derrotas.  Nunca se estará completamente preparados para afrontar cualquier crisis, pero si se está organizado y trabajando en comunidad, se podrá reaccionar más eficazmente para reducir los daños provocados por la crisis.

 

La sociedad como un todo

Las crisis sociales y especialmente las crisis sanitarias, provocan que se ponga total atención en ellas, en los mecanismos de autodefensa para conservar la vida propia y la de los seres queridos más cercanos, llegando a provocar estallidos de pánico, de acaparamiento, de sospecha, de desconfianza y de egoísmo. Se debe tener en cuenta que la vida continúa, ahora con un virus extraño, pero continúa, y por lo tanto, se debe estar atento a las grandes decisiones que los actores políticos, económicos y sociales impulsan dentro de período de crisis, pues esas decisiones podrían afectar irremediablemente el futuro en todos sus aspectos.

Esta crisis es un buen momento para adoptar una decisión: “se puede hacer un cambio y pensar en cómo compartir con tus vecinos y ayudar a las personas que son más vulnerables” (2). Así se empieza a construir una Comunidad Resiliente.

Por Romeo Méndez Ralda

(1) Asturias, Miguel Ángel. (1954). Cantata

(2)Klein, Naomi. (2020). El desastre perfecto.

 

 

 

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