Obra en plastilina del artista Edgar Humberto Álvarez.

El salvaje Triángulo Norte y Centroamérica, en general, es una región exportadora de mano de obra barata para el gigante del norte. Realidad patente desde hace varias décadas. La crisis pandémica vino a incrementar el número de “espaldas mojadas” (wetbacks, en inglés racista), para descontento de la política xenófoba de Donald Trump, quien aprovechó el contexto provocado por la Covid para retachar a miles de migrantes ilegales a sus miserables países de origen. Pero el emperador actual, Joe Biden, presenta una política magnánima con los mojados, eximiendo a los menores migrantes de la expulsión directa e inmediata implementada por su predecesor. El problema es que los centros donde se acoge a los menores están colapsando.

¿Podrá Biden mantener la promesa de proteger los derechos humanos de estos migrantes? Para finales de marzo, se transfería cada día a 507 menores desde instalaciones de la patrulla fronteriza (CBP, en siglas en inglés) hasta otras mejor preparadas del Departamento de Salud y Recursos Humanos, para poder reubicarlos con familiares o con buenos samaritanos yanquis… En febrero se realizaban unas 276 de esas transferencias. ¿Será que el imperio empieza a comportarse como gente?

Representación del viaje de los migrantes guatemaltecos en plastilina. Creación del artista Edgar Humberto Álvarez.

Todo es relativo, ya que en una de esas instalaciones de la patrulla fronteriza de Texas hay, por ejemplo, más de 400 menores en un complejo con carpas diseñado para 250. Entre la patrulla fronteriza y el Departamento de Salud tienen actualmente en custodia a 20.000 menores, un récord de la gran diabla…

Como es obvio suponer, de nada servirá que el Tío Joe se ponga magnánimo con los niños migrantes en su patria, si los países de origen de estas personitas siguen siendo infiernos donde las remesas de migrantes representan la verdadera alternativa económica para la población de a pie…