Sin vacunas ni pisto para comprarle a otro fabricante y sin pasaportes para vacunarnos fuera

Las pandemias terminan siempre por uno de dos motivos: se encuentra la cura o la población le pierde el miedo a la enfermedad. Tradicionalmente ha sido la segunda causa la que ha permitido el retorno a la normalidad a través de la historia. El caso presente es distinto, ya se encontró la cura, la vacuna que está siendo aplicada en forma masiva en los países avanzados, permitiendo el retorno a la normalidad y la eliminación de restricciones como el uso de la mascarilla y reuniones sociales.

En nuestro país ese panorama se ve muy lejos debido al escándalo de la compra de las vacunas rusas, que ha resultado en una situación de incertidumbre para la población, preguntándonos ¿tendremos vacunas algún día? Ni que decir del ritmo de vacunación de las escasísimas dosis que hay, que, al ritmo actual el proceso tardaría 6 años más, y nos preguntamos ¿dentro de 6 años todavía estará el mismo virus o habrá mutado a otro más letal? ¿tendrá algún sentido esperar 6 años?

La respuesta es no. La población ya se desesperó y está retornando a su vida normal, sin vacuna, ya que se perdió la esperanza de lograrlo y la credibilidad en nuestros líderes de que les interese salvaguardar a la población. Tal vez se creyeron lo de la ivermectina.  ¿Y el resultado? Pues a donde quiera que se voltee la vista un altísimo porcentaje de la población ya no usa mascarilla y están volviendo a congregarse: en la iglesia, en las fiestas y en los campos deportivos.

Es decir para ellos la pandemia termino. Punto.

Fotografía de Esbin García

¿Y los que sí quieren vacunarse? Pues haciendo todo tipo de esfuerzo, incluso yendo al extranjero a hacerlo, basta ver las reservas de vuelos, totalmente llenos a los estados de EE. UU. que están ofreciendo turismo de vacunación. Y acá viene la siguiente sorpresa, las citas para renovar pasaportes las están dando a 5 meses de distancia, al momento de escribir estas líneas la siguiente cita disponible es a mediados de octubre, sí, leyó bien, octubre.

Entonces nos tenemos que esperar 5 meses para poder renovar un pasaporte o nos esperamos 5 meses a ver si acá nos toca el turno de vacunación, si es que las famosas vacunas por fin llegan.

Y para mientras, la población desesperada por su sustento diario hace de lado las restricciones, primero es comer. Y los más jóvenes sin ir a la escuela ni la universidad, creando todo tipo de problemas sociales y psicológicos para una generación que ya a estas alturas perdió 2 años de su joven vida. Y es a ellos a quienes se les atribuye la segunda y tercera ola, ya que, en su desesperación por regresar a su vida, pues se olvidan de las restricciones y hacen fiestas y reuniones.

Y es previsible que este ciclo continúe mientras no se logre arrancar formalmente con un plan serio de vacunación, con dosis ampliamente disponibles y un mecanismo eficaz para vacunar, que garantice al menos 150 mil vacunados diarios. Veamos a El Salvador, con la tercera parte de población de Guatemala logra 50 mil vacunas por día, entonces únicamente para igualar a El Salvador necesitamos lograr esas 150 mil dosis diarias.

Entonces el panorama es ¿querés vacunarte? No tenemos vacunas. ¿Querés ir a otro lado a vacunarte? Te vamos a complicar sacar el pasaporte. ¿Querés justicia? No tenemos jueces. ¿Querés opinar y protestar? Te vamos a acosar. ¿Querés que todo cambie? No lo vamos a cambiar.

Así mis amigos, estamos jodidos todos ustedes, como decía mi abuela.